1º de Grado·Aristóteles·Epistemología

El problema del conocimiento en Aristóteles

1. Aporía de lo universal-particular

Si solo existen las cosas individuales y concretas, y estas cosas son particulares, ¿cómo es posible alcanzar la ciencia de las cosas universales, es decir, que esta ciencia exista?

Partiendo de que los rasgos esenciales del conocimiento científico son universalidad e inteligibilidad, se da la necesidad de lo común y uno, como algo distinto de los particulares sensibles, para que exista la ciencia, pero se cae en la contradicción expuesta anteriormente.

Aristóteles no cree en las ideas postuladas por Platón, puesto que para existir por sí, como entes separados, deberían ser particulares, pero para ser ideas y dar razón de la multiplicidad, deben ser universales, esto es: o existen pero no explican la multiplicidad, o no existen, y por lo tanto tampoco explican. Nada separado puede ser causa de conocimiento ni de ser.

Para solucionar esta contradicción, Aristóteles tendrá que otorgar a su forma un doble status ontológico. Lo universal está presente, de algún modo, en lo particular. La forma se revela como la verdadera sustancia de cada cosa particular, es un principio intrínseco en acto que determina al sujeto.

Lo universal es real, como potencia, en cuanto contenido en lo particular. En acto, la forma es particular; en potencia, es universal, porque puede volverse común en la intelección al ser extraída de múltiples substancias. La forma universal es descrita como “materia inteligible”. El hecho de la repetición de los diseños funda la posibilidad del conocimiento de los entes particulares, en cuanto poseedores de la potencia de ser agrupados en algo uno (el universal, o lo común).

2. Lo universal: forma inteligida

La solución del problema de la ciencia ha de hallarse en la doble función de la forma como principio intrínseco de los individuos y como objeto de conocimiento. Todo individuo sensible es miembro de una clase, en palabras de Aristóteles, “esta alfa es una alfa”.

Lo que la ciencia conoce no es una copia o representación de las cosas, sino las cosas mismas en su aspecto formal, ya que es la misma forma constitutiva de la cosa, sin su materia, lo que está en el alma, que es descrita como “lugar de las formas” (solo gracias a esta identidad real la ciencia es capaz de conocer la realidad). La forma se desdobla, puesto que por una parte sigue siendo el principio constitutivo de la cosa, a la vez que, por otra, es inteligida en el alma.

Pero el modo de ser de las formas, en cuanto conocidas en el alma, ha de ser independiente de las formas unidas a la materia. “El intelecto es forma de formas así como el sentido es forma de las cualidades sensibles”.

La intelección no consiste en separar físicamente las formas del sustrato sensible, sino en contemplar las formas en su aspecto universal: cuando eso sucede, lo común y universal en potencia se actualiza. Las formas inteligibles, en cuanto individuales en acto, permanecen inseparables de las cosas que determinan y estructuran, pero al mismo tiempo, al ser inteligidas, se produce la actualización de su aspecto común material inteligible (aunque siguen existiendo unidas a las formas sensibles que las contienen).

Lo particular es un ejemplar de una clase y, por ello, tanto en su constitución sensible como en su estructura inteligible, contiene, además de lo propio en acto, lo común en potencia.

3. Doble caracterización de la forma

[¿Cómo conciliar las descripciones contrarias de los dos status ontológicos de la forma?]

La sustancia sensible está compuesta de materia y forma. A la materia le falta determinación y solo recibiendo la forma viene a ser algo determinado, es decir, es la forma la que constituye la sustancia de las cosas. Pero la caracterización de la forma como determinada y separable por el pensamiento corresponde a la sustancia en cuanto esencia. Como esencia es cognoscible, por lo que podemos captar al objeto sensible como algo distinto en la percepción y concebirlo como objeto inteligible.

La sustancia, por lo tanto, es extraída de la forma como principio intrínseco de la cosa, para hacerse cognoscible como un “de tal tipo”.

4. Forma individual y forma universal

Los universales son conceptos que pertenecen a proposiciones y las formas pertenecen a las cosas y sus estados. Al mismo tiempo, los universales son formas porque el contenido del pensamiento es una forma hecha general al ser abstraída en el pensamiento. Los universales son las formas particulares existentes tomadas universalmente, sea en el lenguaje o en el pensamiento. Abstraer una forma de su materia es convertirla en un universal.

Por tanto, no es necesario escoger entre una de las dos concepciones de forma aunque sean contrarias, porque una se aplica a la forma individual y otra a la universal o específica. Ambas formas resultan también complementarias, porque la forma individual es el fundamento sobre el que se asienta la forma específica, ya que proviene de aquella. Y puesto que de ella proviene, hace posible que la ciencia sea realmente conocimiento de lo real: el pensamiento no se oscurece, sino que se vuelve más claro a medida que hunde sus raíces en la forma individual.

5. Forma en acto y forma en potencia

Los universales existen como propiedades reales que son idénticamente compartidas por múltiples individuos, y requieren, para subsistir, de la clase total de particulares de los que se predican. La existencia de un conjunto de individuos que tienen una propiedad en común es condición de posibilidad del universal.

Aunque el universal no sea sustancia, lo universal está en potencia en la esencia, formando parte de su composición. Desde el punto de vista del sujeto que conoce, lo universal es una potencia cuya actualización depende del encuentro con el intelecto, pero en sí mismo ya es una estructura ontológica de lo real, porque lo individual contiene también lo común. “La potencia, al igual que la materia, es de lo universal e indeterminado. El acto, por el contrario, es determinado y de lo determinado [como la forma].

6. Cosa y esencia

Aristóteles sostiene la identidad entre la cosa y su esencia. No dice que la esencia sea, en su status ontológico, exactamente lo mismo que la cosa, sino solo que cada cosa individual es una con su esencia. Pero no son lo mismo, porque la esencia no existe aparte de la cosa.

La cosa individual se identifica con su esencia, que la define e identifica como individuo de una clase, pero la esencia no se agota en el individuo que define, sino que es común a todos los individuos de la misma clase.

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