1º de Grado·Descartes·Ontología

Sobre la materia en la ontología de Descartes

Descartes supone que la cuestión del ser pasa a ser una cuestión de saber, esto es, de poder afirmar que algo es. Y estamos en condiciones de afirmar que algo es cuando tenemos certeza, es decir, imposibilidad de dudar. De esta manera la mente o res cogitans se convierte en aquello que da sentido a los entes, esto es, es la mente la que tiene la potestad de determinar qué es lo ente o la res cogitans determina aquello en lo que consiste ser en su proceder correctamente –de acuerdo al método-.

Por tanto, lo correcto es lo que queda asegurado en el proceder correcto de la mente, así es que la verdad acontece en la res cogitans. Esta forma de entender el ser como saber no cambia el concepto de ente, sino el sentido que se le da al ser.

 

Queda pendiente explicar cómo se perciben los entes y cómo se llega a esa certeza después de haberlos percibido. Descartes distingue entre las cosas conocidas y aquello que conoce o res cogitans, dejando al criterio de la mente, a su proceder interno –en última instancia matemático- el descubrimiento de lo indudable, de la verdad, de lo cierto.

Disponemos de cuatro facultades para conocer: los sentidos externos, el sentido común, la imaginación y el entendimiento. Los sentidos externos actúan de una manera pasiva, adquiriendo la figura de lo percibido, que es transmitido a la memoria –imaginación- por medio del sentido común.

En este punto Descartes allana el camino para construir una ontología de tipo matemático: lo que percibimos es la forma de las cosas; una vez ahí depositada el entendimiento puede acceder a ella. Desde este punto de vista las facultades son condiciones ontológicas de los objetos. La certeza en este proceso surge cuando hay claridad y distinción, lo cual ocurre cuando el entendimiento actúa, porque la percepción es clara y distinta cuando es construcción del entendimiento. La claridad se da cuando la cosa es presente y manifiesta, la distinción se da cuando no se confunde con otras.

Pues bien, ocurre que lo empírico, tal y como es percibido no es ni claro ni distinto. La claridad y distinción sólo se da puramente en la matemática, que en sentido amplio trata del orden y de la medida. De esta manera si queremos reducir la pluralidad presente en los entes que percibimos a la unidad que realmente los constituye, hemos de ser capaces de reducirlos de alguna  manera a conceptos claros y distintos, ordenados y medibles: conceptos matemáticos.

Hay dos vías para llegar a este conocimiento:

a)     La de la intuición que se da cuando el entendimiento ve directamente algo que se le ha presentado por sí mismo –que constituye lo acorde con el proceder matemático, el otorgador de sentido al ente- y no porque hay venido de lo empírico.

b)    Y la inducción o deducción que sin dejar de ser una forma de intuición  -la intuición de lo relativo, algo que puede ser referido a lo absoluto mediante una relación-  es un cierto pasar de algo a algo en la mente, pero de manera que ese paso sea absolutamente necesario –intuitivo-.

Descartes pretende explicar lo empírico mediante naturalezas simples o esencias necesarias por oposición a las esencias contingentes de lo subjetivo, lo físico.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con la materia? La respuesta es todo, porque no es que las matemáticas se puedan aplicar sobre lo material, sino que son una y la misma cosa: Descartes concibe el mundo de manera geométrica, y como el tema de la matemática es el orden y la medida, entonces es la extensión la que determina la materia por lo que lo corpóreo tiene que ser medible, y eso pasa en los cuerpos extensos. Con esto tenemos que aquello que no es extensión como los colores, sabores, etc, aquello que constituye lo subjetivo, tiene que ser explicado mediante la extensión y el movimiento. Este es el núcleo del proyecto de la física cartesiana.

La materia es considerada por Descartes como homogénea, dado que su única carácterisitica es la extensión, por lo que no se puede hablar de grados de materialidad. Además de homogénea, la materia se identifica con el espacio, esto es, hablar de espacio es hablar de materia; postura que tiene dos consecuencias:

a)     La primera consecuencia inmediata y evidente es la negación del vacío. El espacio se nos presenta como

b)    La segunda consecuencia es el rechazo de la finitud del espacio-materia; aunque Descartes no se atreve a definirlo como infinito- atributo que sólo comprende positivamente para Dios-sino que lo llama indefinido, porque no comprende cómo podría tener un límite.

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