1º de Grado·Platón

Platón

EL CONOCIMIENTO

1. La conclusión negativa del relativismo.- Platón niega el relativismo llevándolo a una contradicción en los términos: Si para cada uno es verdadero aquello que el crea, ¿por qué Protágoras debe oficiar como maestro de los demás, si la opinión de los que van a su escuela es igualmente verdadera que la del maestro? Y también: si las opiniones de todos son verdaderas, los que contradigan a Protágoras harán uso de su verdad, y si Protágoras cree que la opinión de estos es verdadera, ¿no estará sino diciendo que la suya no lo es?

2. Lo mudable, objeto de la sensibilidad, excluye el conocimiento.- Todo lo sensible se mueve y pasa, y puesto que nada permanece en reposo, lo que se mueve muda y fluye incluso respecto del propio ser; no se puede, por tanto, ver una cosa, más bien no-ver. Si, como dicen algunos, la sensación fuera conocimiento, no siendo en sí misma, el conocimiento sería no-conocimiento.

3. No es el fenómeno mudable, sino el ente, el objeto de conocimiento.- Lo sensible y, por lo tanto, mudable, no puede ser conocido, porque cuando uno se acerca para conocerlo, está transformándose continuamente en otro y distinto. Si lo cognoscente y lo conocido, si el conocimiento se da, no será basado en el flujo y el movimiento, sino en entes como lo bello o lo bueno, esto es, no sensibles y por tanto no mudables.

4. De la afección sensible al conocimiento: la intervención de la reflexión.- Cuando se piensa algo acerca de lo que ves u oyes, no es pensado a través de la vista o el oído, sino que es el alma la que lo piensa, es ella la que contempla lo que es común a todas las cosas.

Al nacer, tanto los hombres como las bestias tienen la capacidad de ver, oír, es decir, de sentir, pero la reflexión en torno a ellas solo le es posible al hombre, a través de mucha experiencia e instrucción: por tanto, conocimiento y sensación nunca son la misma cosa.

5. Teoría de la reminiscencia.- El alma, siendo inmortal, y habiendo renacido muchas veces y visto las cosas de allá arriba (las ideas) y las de aquí abajo (los objetos sensibles), nada hay que no haya aprendido. Por tanto, aprender y buscar es siempre una reminiscencia.

Los hombres, cuando son bien interrogados, responden siempre con acierto y sensatez, y no podrían hacerlo así si no existiese ya en ellos ciencia y recta razón. Frente a la dificultad que el alma experimenta para recordar, entra en función el método socrático de la mayéutica, que ayuda al alma a extraer de sí los conocimientos que contiene en sí misma.

(La reminiscencia o recuerdo, que es el despertar del conocimiento intelectivo de las ideas, es distinta de la memoria, que no es más que conservación de sensaciones).

6. De los particulares al universal.- La formación del universal se produce cuando lo que es idéntico en dos cosas separadas supone una misma opinión verdadera para ambas. Así, la unificación de lo múltiple, su conversión a universal, podemos verla encarnada en la definición.

7. La alegoría de la caverna.- Dejando a un lado el contenido simbólico de la alegoría, la intención de Platón que la subyace no es sino la de transmitir lo cualitativamente superior del conocimiento del filósofo que consigue ver las ideas, con respecto del resto de personas que no pasan de las cosas sensibles. Una vez fuera de la caverna, esto es, una vez conocedor de las ideas, la tarea del filósofo es de una misión iluminadora y liberadora hacia los demás (esta es la misión que Sócrates decía que le había confiado el Dios).

8. El conocimiento, la opinión, la ignorancia.- El que concibe las cosas bellas pero no la belleza en sí está dormido: no tiene más que opinión. Sin embargo, el que reconoce lo bello en sí, y sabe distinguirlo tanto en sí como en las cosas que participan de él, y no confunde las cosas participantes con la propia idea, está despierto, y su pensamiento es conocimiento.

Platón entiende la opinión como un punto intermedio entre el conocimiento (que corresponde a lo que es) y la ignorancia (que corresponde a lo que no es).

Las llamadas otras facultades del alma corren el riesgo de hallarse vecinas a las del cuerpo, puesto que al no hallarse antes, se engendran con el hábito y la práctica; pero la facultad intelectiva, parece, es la que más contiene de divino, pues nunca pierde su fuerza.

9. Grados del conocimiento.-

a) Experiencia y arte: Platón define como experiencia aquellas prácticas que no dan razón alguna de los medios que emplean, de manera que no sabe explicar las causas, y arte a los que sí lo dan (pone como ejemplo de experiencia a la cocina, y de arte, a la medicina).

b) El arte vulgar y el arte de la filosofía (ciencia): después distingue entre dos tipos de arte, el que se ocupa de enumerar, medir y pesar, para disciplinas como la arquitectura o la música, y el arte de los filósofos, ejemplificado con la geometría filosófica o la matemática precisa. Estas últimas, por seguridad y por verdad, superan a las primeras.

c) La opinión y la ciencia: La creencia (opinión) y la ciencia son dos cosas distintas. En cuanto a opiniones, puede haberlas falsas o verdaderas; de la ciencia no puede decirse esto, porque siendo ciencia, es en sí verdadera. Las opiniones verdaderas, mientras que están en el alma, son cosas bellas, pero no permanecen allí mucho y son perdidas: no serán muy apreciables hasta que tú no las ligues con el razonamiento y se ponga claro el “porqué”. Cuando las opiniones rectas están ligadas al razonamiento, se transforman en ciencia, y se establecen. Por ello, la ciencia es más valiosa que la recta opinión.

d) La naturaleza dialéctica está en la visión del conjunto.

10. La opinión (devenir) y la dialéctica (contemplación del ente).- El conocimiento más verdadero es conocimiento del ente (las ideas) y de todo lo que está siempre del mismo modo. En nuestra alma hay una facultad de amar lo verdadero y de hacerlo todo por él.

11. El filósofo mira hacia lo alto.- Platón exalta la vida contemplativa (teórica), considerada el más alto de todos los modos de vida, que conduce a la purificación del alma y a su participación en el estado divino. (Concepción ligada a la aspiración órfica hacia la liberación del alma del ciclo de los nacimientos).

12. El cuerpo, impedimento del conocimiento.- El alma razona perfectamente cuando no es enturbiada por las sensaciones, ni el placer o el dolor, razona a la perfección permaneciendo sola, separada del cuerpo y, desdeñosa de él, se dirige a las ideas. El alma huye del cuerpo, y esta fuga no es sino el camino hacia las ideas, un convertirse en justo y santo por medio de la sabiduría. Por tanto, la aspiración del filósofo es morir y estar muerto, puesto que allí el alma encontrará por fin su plenitud, lejos del cuerpo.

EL SER: EL MUNDO DE LAS IDEAS

1. La multiplicidad de las cosas sensibles y la unidad de la idea.- Hay muchos lechos y mesas, pero las ideas de estos muebles son dos: una del lecho y otra de la mesa. De lo múltiple, por tanto, surge lo común, que conforma la definición. Al hombre le corresponde entender lo que se llama con el nombre de especie, proveniente de la multiplicidad de las sensaciones y reducido a unidad por el razonamiento.

2. La esencia permanente de las cosas, a través de la variedad de las sensaciones.- Las cosas mismas están en posesión de una esencia propia estable, no en relación a nosotros, ni traídas por nuestra alma en sus idas y venidas, sino de por sí, con respecto a la propia esencia que tienen por naturaleza.

3. La idea (ser inmutable) se aprehende con la inteligencia.- Es necesario distinguir entre lo que se genera y que nunca es, y lo que siempre es y no tiene generación. Lo primero, mutable, pertenece al campo de la opinión, lo segundo, inmutable, lo comprende la inteligencia por medio del razonamiento. Los primeros, los objetos, decimos que se ven, pero no se piensan; en cambio las ideas se piensan pero no se ven (lo sensible se explica por medio de imágenes, lo incorpóreo solo por razonamiento).

4. Las ideas son entes reales y no conceptos mentales.

5. Las ideas son entes en sí (separados).- Las ideas son por sí, para sí, consigo, siempre inmutables, y las cosas sensibles participan de ellas de tal forma que, ahí donde las cosas nacen y perecen, las ideas de que participan no sufren ningún cambio. Si hay alguna cosa bella, por ejemplo, no es sino porque participa de la idea de la Belleza.

6. Las cosas como imitación de la idea, diferencia entre modelo e imagen.- La llamada participación no es sino una semejanza por imitación de la idea dentro del campo de lo sensible. La imagen (apariencia) no es sino lo que está conformado a semejanza de lo verdadero. Los nombres, por ejemplo, son una imagen de la idea, que sirve a los hombres para distinguir las esencias.

7. Las ideas como modelos y causas finales del mundo de las cosas y su creación.- Todo lo que se engendra es necesario que se engendre por una causa: en el caso de los objetos sensibles, el artífice divino los hizo cotejando a lo eterno. Aunque los ideales son inactuables en las cosas de manera absoluta, las cosas sí que pueden aproximarse al ideal.

8. La contemplación intelectual de las ideas.- La esencia verdadera, que es el objeto de la ciencia verdadera, solo puede ser contemplada por la inteligencia. Así, las almas de los hombres se nutren de los entes verdaderos y gozan de ellos, porque esta es la condición que conviene a las almas.

9. ¿Las ideas son creadas por Dios, o existen en sí y por sí?.- A este respecto hay contradicciones en los escritos de Platón, y la respuesta a esta pregunta varía de unas interpretaciones a otras.

10. Problemas y dificultades en la teoría de las ideas.-

a) ¿Hay ideas de cada especie de cosas, como del cabello o del fango? Se dice de que la existencia de las ideas sería algo absurdo.

b) ¿Cómo puede ser que las especies se dividan por sí para ser participadas, y sigan siendo una?

c) Argumento del tercer hombre: si las cosas toman su esencia por semejanza entre ellas (dos hombres, por tener el hombre en común, se agrupan bajo la especie de hombre), ¿no deberían agruparse también, por ser semejantes, con su especie? Entonces serían tres, dos hombres y la especie “hombre”, agrupados bajo otra especie más grande, y así sucesivamente.

d) Imposibilidad del conocimiento humano y divino

[…]

12. Las conclusiones de la dialéctica.– En esto consiste el saber distinguir según las especies: percibir en qué las especies particulares pueden comunicarse entre sí y en qué no, es decir, percibir de manera adecuada que hay una idea que agrupa muchas pero dejando a cada una de ellas particular y separada de las otras; y que hay muchas otras ideas, diversas entre sí, abrazadas desde el exterior por una sola.

Solo por el mutuo enlace de las especies ha podido engendrarse el razonamiento para nosotros.

13. La supremacía de la idea del Bien.- El Bien es a las ideas como el Sol respecto de las cosas: es lo que permite ver claramente. El Bien dota de verdad a lo conocido y de capacidad al cognoscente. A ella están supeditadas las ideas de Belleza y Justicia, y es el bien quien produce la verdad y la inteligencia.

14. La fase final de la metafísica platónica: la doctrina de los números-ideales.-

a) Necesidad de la existencia de los números ideas.- Platón explica el cambio de 1 a 2 mediante la suma de 1 + 1 (que para él es algo imposible) mediante la participación del 1 en la idea de díada, y cuando el 2 es dividido, esto sucede por la participación del 2 en la idea de mónada. Platón limita estos números-ideales a la década, y de ahí surge el resto. Como se observa, Platón rechaza la adición y la sustracción como motivos de cambio en los números.

b) Lo uno y lo múltiple.- Las ideas participan de la idea de uno y de la idea de múltiple, y de este modo se explica la esencia, que es a la vez una y múltiple (participada).

c) Número, armonía y proporción en los arquetipos del alma y del cosmos.- Cuando Dios ordenó el universo y surgieron los elementos (agua, tierra, aire, fuego), Dios los dotó ante todo de formas y números. El alma cósmica comprende en sí todas las relaciones de número y medida, integrando número y armonía. Solo la posesión del número confiere a la naturaleza humana la posibilidad de la ciencia y la verdad.

DIOS Y EL MUNDO (TEOLOGÍA Y COSMOLOGÍA)

1. La investigación sobre lo divino.- Platón piensa que la teología y la divinidad deben ser objetos de investigación, en contra de la opinión, muy extendida en su época, de que es impío investigar tales cosas.

2. La demostración de la existencia divina.- el primer motor y el orden del universo.- El alma es anterior a todos los cuerpos, y se define como el movimiento que se puede mover a sí mismo. El cielo, la Tierra y la rotación universal tienen un alma también, que es anterior y principio de movimiento, y esta alma, inteligente y llena de virtud, es Dios.

[…]

4. La perfección y la inmutabilidad divina.- Dios es perfecto, esto es innegable, y las cosas perfectas no pueden tener muchas formas, de hecho, no pueden ser alteradas o movidas en lo más mínimo; pues todo lo que está bien hecho, por naturaleza, menos que nunca admite cambios: siendo bellísimo y todo lo óptimo que es posible, permanece siempre en su forma.

5. Dios es causa del bien, no del mal.- Dios se identifica con el Bien, y el Bien no es causa de todas las cosas, sino solo de las buenas; debe buscarse otra causa de los males, no a Dios.

6. El mito de la creación del mundo.-

a) El mundo es engendrado.- Dado que el mundo se puede ver y tocar, es decir, es un objeto sensible, y las cosas sensibles se engendran, el mundo ha tenido que ser engendrado.

b) Del caos al orden.- Dios es bueno, y queriendo que todas las cosas fuesen buenas, tomó lo visible, que no permanecía en reposo, sino que se movía irregular y desordenadamente, y lo redujo del desorden al orden, juzgando que éste era en todo mejor que aquél.

c) Los elementos del cuerpo del mundo.- Dios hizo el mundo de tierra y de fuego, y en medio puso aire y agua, disponiéndolo todo proporcionalmente; de estos cuerpos, en número de cuatro, fue engendrado el mundo.

d) Forma y movimiento del cuerpo del mundo.- Dios le dio al mundo la forma más perfecta, es decir, lo redondeó en forma de esfera, que tiene el centro igualmente distante de los extremos en todas sus partes; esta figura es la más perfecta y semejante a sí misma. Del mismo modo, lo dotó de rotación circular.

e) El tiempo, imitación de la eternidad, y su medida.- Dios encendió una luz en el segundo de los círculos que engalanan la Tierra, el cual es llamado Sol, y a partir del Sol surge la medida clara de la lentitud y la velocidad.

f) La generación de las especies mortales.- Se crean tres especies de mortales (terrestres, acuáticos y volátiles) para que el cielo termine de ser perfecto, se les dota de movimiento y deben imitar la virtud del Dios.

g) La materia (necesidad) como causa concomitante frente a Dios.- La generación de este mundo no solo depende de la Inteligencia, sino también de la Necesidad. La inteligencia es Dios, el que ordena, pero también se necesita de una especie invisible y amorfa que recibe cualquier contenido, esto es, la materia, que en sí está privada de toda forma, que acoge en sí todos los géneros del exterior.

EL HOMBRE Y EL ALMA (ANTROPOLOGÍA)

1. El hombre es el alma.

2. Las facultades y las partes del alma.- El alma tiene tres partes, racional, pasional y apetitiva, con la capacidad de gobernar las unas sobre las otras. Cuando predominan la pasional o la apetitiva, el alma se corrompe y el hombre con ella; las riendas las debe llevar la facultad racional, que equivale a la belleza, la ciencia, la bondad y perfecciones semejantes. (La facultad racional corresponde a la cabeza; la pasional, al pecho; y la apetitiva, al vientre).

3. Las pruebas de la inmortalidad del alma.-

a) La generación recíproca infinita de los contrarios.- Los contrarios siempre se siguen el uno al otro, de manera circular. Si todo lo que nace, muriera, y no volviera a la vida, todo acabaría muerto. Pero siendo la vida y la muerte contrarios, el uno tiene que provenir del otro.

b) La reminiscencia y la vida anterior.- Debido a, como se demostró anteriormente, que aprender es recorred, es preciso haber aprendido en un momento anterior lo que en el presente se recuerda, y ello no sería posible si nuestra alma no hubiese vivió antes en otro lugar.

Estas pruebas solo demuestran la preexistencia del alma, y no la supervivencia del alma respecto al cuerpo. La inmortalidad del alma se demuestra mediante:

c) Identidad de la naturaleza del alma y de las ideas.- De la dualidad alma-cuerpo, el cuerpo pertenece al reino de los entes visibles (de las cosas mudables) y el alma al de los invisibles, esto es, las ideas. Por tanto, la tendencia del alma es a separarse del cuerpo, con el que vive turbada, y alcanzar lo que es divino; de este modo, el alma no será mortal, sino eterna, como las ideas a las que se asemeja y hacia las que tiende.

d) Participación del alma en la idea de vida.- El alma es una de las características principales de la vida, y siempre que hay alma en algo, lo dota de vida. El alma, al no poder recibir lo contrario a lo que produce, esto es, lo contrario a la vida, la muerte, será inmortal.

e) El alma como principio de movimiento.- El alma es lo que se mueve de por sí, y en cuanto no se abandona a sí mismo nunca, no deja nunca de moverse. Siendo el alma fuente de movimiento, y el movimiento siendo eterno, el alma debe ser, necesariamente, sin nacimiento e inmortal.

f) Ningún mal puede destruirla.- Los males atacan al cuerpo y lo destruyen, pero no pueden destruir el alma las enfermedades o las armas; si no puede ser destruida, es necesario que exista siempre.

EL BIEN Y LA VIRTUD (ÉTICA)

1. Placer y dolor.- Frente a las teorías hedonistas en las que placer se identifica con Bien, Platón trata el placer como la armonía de la naturaleza del hombre, pero niega que placer y Bien sean lo mismo.

El placer no es solo cese de dolor, sino que es un estado positivo. De los diferentes tipos de placer, el placer puro es el más verdadero. Este placer es “el de los colores y de las formas que se llaman bellas, la mayoría de los olores y de los sonidos, y todos los que, teniendo necesidades insensibles y sin dolor, dan satisfacciones sensibles y placeres puros y exentos de dolores… A estos agregaremos también los placeres del aprender”.

2. El placer y el dolor no se identifican con el bien y el mal.

3. Bien como unión de inteligencia y placer puro.- Ni el placer ni la inteligencia equivalen al Bien, éste es una cosa distinta y mejor que ambos. Elegir la vida inteligente por sí sola, o la placentera sola, no es conveniente, sino que el Bien surge mezclando el placer más puro, esto es, las mejores ciencias y la sabiduría, con la inteligencia.

La inteligencia es necesaria al Bien: por muchos bienes que se posean, llevados por la ignorancia estos bienes son males mayores, solo mediante la inteligencia se acercarán al Bien.

4. El bien se identifica con lo bello y lo verdadero.- Cualquier cosa que esté privada de medida y de naturaleza proporcionada, necesariamente lleva al mal. Por el contrario, el poder del bien se traslada a la naturaleza de lo bello. Si con una sola idea no podemos aferrar el Bien, digamos que se compone de belleza, medida y verdad.

Los bienes son de dos especies, humanos y divinos. Los humanos son, por este orden de valor, la salud, la belleza, la fuerza y la riqueza. Los bienes divinos son, también por orden, el intelecto, la moderación, la justicia y la firmeza. Los bienes humanos deben mirar a los divinos, y dentro de los divinos, todos deben mirar al intelecto.

En el mundo humano el mal es algo necesario como oposición al bien; el bien puro solo se obtiene en el estado divino, y por eso es necesario procurar huir cuanto antes del mundo humano para alcanzar el bien.

5. El bien, lo bello y el amor.- El que ama las cosas bellas lo que ama es poseerlas, es decir, ama poseer el bien, y poseerlo siempre. Así, los hombres se elevarán al engendrar en su alma la sabiduría y las otras virtudes. En esta elevación, verán súbitamente una maravillosa belleza, que es por sí, para sí, consigo, inmutable y única, y de la que participan todas las cosas bellas.

“La manera de ir por el camino del amor es la siguiente: comenzar por estas cosas bellas de aquí a abajo y, atraídos por el amor a la belleza, elevarse de un cuerpo bello a dos, de dos a todos, y de todos los cuerpos bellos a las bellas instituciones y de éstas a las bellas ciencias, hasta que se alcance la Belleza. Si hay algún momento que merece la pena vivir, es su contemplación”.

6. Intelecto y voluntad.- La voluntad no debe obedecer a ninguna otra cosa más que al intelecto. El conflicto entre razón y voluntad (saber que algo es malo para uno, pero aun así desearlo) es la peor forma de ignorancia.

La injusticia es involuntaria, puesto que a nadie, voluntariamente, le gustaría tener en sí mismo ninguno de los males. Todo hombre es amante de sí mismo, y esto debe ser así, pero cuando este amor de sí mismo es excesivo, juzga malo lo justo y viceversa, prefiriendo su propio interés a la verdad; y de esto surge el mal.

7. La libertad de la voluntad y la responsabilidad.- Dios dejó a la voluntad de cada uno de nosotros las causas de la formación de nuestras cualidades personales. Tal y como queremos que nuestra alma sea, así devenimos: la causa del cambio está en nosotros.

Cuando tratamos a nuestra alma con indulgencia, la consentimos placeres y la eximimos de culpa, se acerca al mal; por tanto, tenemos que cuidarnos de disciplinarla. La educación es el proceso que nos encamina hacia la virtud desde pequeños, y es importante para conducir a las personas hacia el Bien.

8. La acción, el ejercicio, el hábito.- Cosas tales como la justicia o la valentía solo se consiguen por ejercicio; se es justo cuando se actúa justo. Los impulsos no deben ser dominados tanto por la abstención sino por la lucha, hay que enfrentarse a ellos, luchar con los placeres y vencerlos mediante la razón.

Los niños deben imitar a modelos dignos, sabios y valerosos desde la infancia, para, mediante el hábito, parecerse a ellos.

Los hombres deben habituarse a cumplir las leyes hasta en la más nimia cosa, puesto que si se adentra la dinámica del incumplimiento, acaba extendiéndose a todos los ámbitos, hasta llegar al del Estado.

9. La virtud y la ciencia como purificación de las pasiones.- La virtud es la purificación de toda pasión.

Hay cuatro virtudes: la templanza o prudencia, la fortaleza o valor, la ciencia o sabiduría, y la justicia. A todas se la llama virtud, puesto que se agrupan bajo una misma idea.

[…]

11. Justicia y felicidad.- La justicia engendra odio allí donde entra y hace que los hombres se odien entre ellos. El alma que sea justa, vivirá bien, y el alma injusta estará sembrada de odio y maldad-

12. La pena como liberación del alma enferma.- Quien comete injusticia es miserable, pero es más desdichado todavía cuando no expía sus faltas y no sufre la pena de la culpa. Para evitar su desdicha, por tanto, deberá sufrir la pena que le corresponde por su injusticia, y así su alma se alejará del mal al ser castigado.

[Apuntes sacados del libro Platón, de Rodolfo Mondolfo.]

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