Filosofía Política·Herbert Read

La religión como necesidad social

La mayoría de los marxistas olvidan la primera de las tesis sobre Feuerbach, que dice: “El principal defecto del materialismo es que el objeto, la realidad, es solamente concebida en forma de objeto, pero no como actividad humana, como práctica, como subjetividad”.

El marxismo siempre trató la religión como un producto social, pero la evidencia histórica apunta de manera unívoca en la dirección opuesta, esto es, señalando la religión como una necesidad social. Nunca ha existido una civilización sin su religión mayoritaria correspondiente, y el racionalismo y el escepticismo siempre han sido síntomas de decadencia.

Ya ha quedado claro, después de veinte años de socialismo en Rusia, que si no proporcionas a tu sociedad una religión nueva, se regresará a la religión anterior. Incluso, en casos como el soviético y estructuras como el comunismo, se dan reminiscencias religiosas, por ejemplo, en la deificación del líder y la ritualización de la vida no religiosa.

Ideologías como estas, que excluyen a la religión, quizá deban ser evitadas, por la falta de ritual, de contenido estético y de sensibilidad que demuestran, y sobretodo por una completa ignorancia de la función del arte y la imaginación en la vida de la comunidad.

La religión, en las perversiones y corrupciones que la atacan con el paso del tiempo, puede ser el opio del pueblo, pero mientras se conserva en su esencia, puede ser la única fuerza de unión entre las personas, que les otorgue la autoridad natural a la que recurrir cuando sus intereses personales choquen. Solamente se afirma, basándose en la evidencia de la historia de las civilizaciones, que la religión es un elemento necesario en toda sociedad orgánica.

Pero tanto en sus orígenes como en su desarrollo, la religión está íntimamente ligada al arte. Aparte de la naturaleza estética del ritual religioso; aparte, también, de la dependencia de la religión en el arte para la visualización de sus conceptos abstractos; hay, y esto es importante, una gran semejanza entre la mística y la sensibilidad de la religión en su aspecto introspectivo y humano, y el arte. Por esta razón, quizá lo que suceda es que nuevas religiones no sobrenaturales se funden, precisamente, en lugar de en el misticismo y la creencia irracional, en el arte.

El socialismo de corte marxista, esto es, el socialismo de estado o comunismo, se ha desligado completamente de esta necesidad religiosa, y ha sido conducido a débiles subterfugios para suplir esta carencia. El anarquismo, por el contrario, que no existe sino ligado al arte, a la vida en comunidad, y a la libre expresión del individuo, es una religión en sí mismo.

[Resumen de una parte del libro Anarquía y orden, de Herbert Read.]

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