1º de Grado·Kant·Ontología

Kant

LAS CONDICIONES DE POSIBILIDAD DEL CONOCIMIENTO (LO “A PRIORI”)

Kant, al igual que Descartes y Locke, se pregunta en qué consiste el que ciertos juicios sean válidos. A esta validez la llamará conocimiento, que en este caso es sinónimo de “validez cognoscitiva”.

Si por conocimiento entendemos validez cognoscitiva, entonces el “en qué consiste” la validez cognoscitiva será denominado “posibilidad del conocimiento” (“lo a priori del conocimiento), y los elementos constitutivos de esta posibilidad serán las “condiciones de posibilidad del conocimiento”.

En este uso, la palabra posibilidad (possibilitas) aparece como sinónimo de “esencia”, “naturaleza” e incluso “forma” (no confundir este concepto de forma con aquella que define la conformación de la materia).

En el camino a seguir, se avisa, no se irá de las condiciones ontológicas a lo ente, sino viceversa: el camino es siempre de lo ente a aquello en lo que consiste el ser, es decir, las condiciones de posibilidad del conocimiento se aprehenden observando lo ente.

Es importante la diferencia entre el terreno ontológico y el óntico; Kant designa con la palabra “finitud” el hecho de que las condiciones de posibilidad no determinen en manera alguna el contenido del ente: las condiciones de posibilidad pertenecen a lo ontológico, y el contenido de los entes pertenece al terreno óntico.

Las condiciones de posibilidad del conocimiento son vinculantes para todo posible contenido, ya que todo contenido del conocimiento es contenido del conocimiento precisamente porque cumple con las condiciones de posibilidad del conocimiento. Pero este conocimiento siempre pertenece a la experiencia, tratando como “empírico” el contenido de la experiencia, y como “no empírico” a las condiciones de posibilidad, es decir, lo que hace que la experiencia sea experiencia.

Para referirse a la cuestión de posibilidad de conocimiento, Kant utiliza la palabra “trascendental”.

LA SENSACIÓN Y SU FORMA

Se vuelve a plantear la pregunta de en qué consiste la validez conocimiento.

La primera constatación es la de que el conocimiento siempre es conocimiento de algo, en referencia a algo. Esta referencia es inmediata. A este aspecto de referencia inmediata que hay en el conocimiento lo llamaremos intuición. El conocimiento es, por una parte y de momento, intuición.

La siguiente constatación es que la intuición es finita (en oposición a ab-soluto, lo no vinculado a nada); la intuición es finita y por tanto dependiente o vinculada a algo. Con esto queremos decir que el conocimiento, formado de momento por lo que hemos constatado, la intuición, es reconocimiento, es decir, que si conocemos la cosa, eso quiere decir que la conocemos como ella es, no que ella es como nosotros la conocemos. Este carácter de finitud comporta que la intuición es receptiva, consiste en ser afectado por algo.

Esta capacidad de ser afectado o receptividad, inherente al conocimiento como se acaba de demostrar, es lo que llamaremos sensibilidad, mientras que el hecho de ser afectado, lo llamaremos sensación. Decimos, pues, que la intuición constitutiva del conocimiento es finita y que, por lo tanto, es sensación.

Pero cualquier sensación tiene u ocupa alguna extensión, y esto ya quiere decir que es divisible, que son varias. Esta “extensión” es, en todos los casos, tiempo, y para algunos tipos de sensación, también espacio. Estos son los dos sentidos en los que las sensaciones son pluralidad.

Así pues, lo que hemos llamado “tiempo” y, con las aludidas matizaciones, lo que hemos llamado “espacio”, son aquello que es inherente a toda sensación por ser sensación, independientemente de qué sensación sea. Ambos constituyen lo que es vinculante a priori para toda sensación, es decir, son las condiciones de posibilidad de la sensación, o la forma de la sensación.

El tiempo (y en cierta manera el espacio) son lo inherente a toda intuición en cuanto tal, por tanto, son la “intuición pura”, es decir, son aquello inherente a la intuición con independencia de cuál sea su contenido. Intuición pura es sinónimo de “lo a priori de la intuición”.

LA NOCIÓN DE CONCEPTO

El hecho de que las sensaciones sean siempre pluralidad nos permite ver que eso de lo que hasta ahora sabemos que es sensación (el conocimiento) no puede ser solamente sensación. No hay pluralidad sin una cierta unidad, no hay varios si no están de alguna manera juntos, es decir, a que haya pluralidad es inherente que haya un modo de agruparse la pluralidad en conjuntos y subconjuntos, digamos, de constituir figura.

A las sensaciones, cuando les reconocemos el carácter de conocimiento, les atribuimos “objetividad”. Esta objetividad consiste en el hecho de que el modo de agrupamiento de las sensaciones en conjuntos y subconjuntos esté fijado, es decir, que haya un modo que sea el correcto.

Esa fijación del modo en que se agrupan las sensaciones tiene el carácter de regla (regla de formación de la figura); la palabra “regla” pretende indicar dos cosas: que se refiere a un proceder (juntar, construir y formar) y que es un principio repetible un número indefinido de veces.

La sensación es, por principio, irrepetible; nunca será la misma sensación, sino una igual; en cambio, el plan según el cual se agrupan las sensaciones en figura puede aplicarse una vez y otra, de manera indefinida, en los casos en que las sensaciones sean tales que se dejen agrupar bajo la misma regla.

A esto se llama concepto (o universal), que es un componente del conocimiento que es válido en principio para infinidad de casos posibles y que comporta un conjunto de condiciones que definen para qué casos posibles es válido y para cuáles no. El concepto, por tanto, se resume en dos características: validez para infinitos casos posibles, y conjunto de condiciones.

-Meros conceptos (juicios analíticos)

Una vez que hay concepto, se puede asumirlo y usarlo como mero conjunto de notas, lo que Kant llama el “mero concepto” o “mera lógica”, también llamado “juicio analítico”, es decir, juicios en los que el predicado es alguna de las notas incluidas en el concepto que conforma el sujeto. Cuando el concepto es usado como mero concepto, es usado al margen de su relación con la intuición o la sensación, es decir, al margen de lo que constituye su pertenencia al conocimiento; por eso los juicios analíticos no comportan conocimiento.

Pero el concepto funciona como referencia, no a otro concepto, sino a la intuición o sensación, siendo esa referencia la fijación del modo en que se construye la figura; todo uso de conceptos como meros conceptos, sin reconocer vinculación alguna con la intuición, es producto de una abstracción en la que se prescinde de la naturaleza misma del concepto.

-Conceptos matemáticos (reglas de construcción)

Puede ocurrir que el concepto no se emplee como mero concepto, sino como regla para construir figura, es decir, dando relevancia cognoscitiva (juicios sintéticos), pero que se trate de un concepto para cuya aplicación como regla no se requiera otra pluralidad que la del puro tiempo y/o el puro espacio, independientemente de todo contenido de la sensación. Este es el caso de la matemática, que no son conjuntos de notas, sino reglas de construcción, que solo requieren para su aplicación la posibilidad o forma de la sensación.

EL CONCEPTO PURO Y LA SÍNTESIS PURA

Por tanto, a la hora de tratar las condiciones de posibilidad del conocimiento, debemos verlas como la unidad de dos agregados: las condiciones de posibilidad de la sensación, y las condiciones de posibilidad del concepto. Solventada ya la forma de la sensación, vayamos con la forma del concepto.

El concepto puede ser uno u otro, pero siempre ha de haber concepto; así pues, llamamos “concepto puro” a lo que haya de ser inherente al que haya concepto.

-Las categorías

En un concepto siempre ha de haber unos predicados determinados, que son los contenidos en la cópula del juicio; si asumimos que los elementos estructurales sujeto y predicado tienen expresiones separables en la fórmula del juicio, entonces la cópula se expresa por “es”. El concepto puro será todo lo que esté implicado en la cópula misma del juicio, en el “es”, y estas nociones implicadas en la cópula se llaman “categorías”, que son los conceptos implicados en la mera forma del juicio.

Kant hace cuatro divisiones triádicas de los juicios (en universales, particulares y singulares, en afirmativos, negativos e infinitos, en categóricos, hipotéticos y disyuntivos, y en problemáticos, asertóricos y apodícticos), y expresando cada una de las cuatro tríadas como tríada de conceptos, establece las categorías de “cantidad” (unidad, pluralidad, totalidad), de “cualidad” (realitas, negación, limitación), de “relación” (substancia-accidente, causa-efecto, interdependencia/comunidad/acción recíproca) y de “modalidad” (posibilidad, existencia, necesariedad).

Pero ¿cuál es el carácter profundo de estas categorías?

Cuando hablamos del camino intuición-concepto (la intuición se agrupa en los conceptos) o concepto-intuición (el concepto siempre es en referencia a una intuición), ninguno de los dos términos es reductible al otro porque ambos solamente son algo en relación con el otro; lo cual equivale a decir que son como las dos caras de un cierto “lo mismo”. Este proceso bidireccional que deja unidos al concepto y a la intuición es el reunir, y al reunir en sí mismo es a lo que Kant llama síntesis, que no es ninguna tercera cosa, sino aquello de lo cual unidad (concepto) y pluralidad (intuición) son como las dos caras.

El nombre de la facultad de síntesis es imaginación, y el correspondiente nombre de acto es “esquema”. Recordemos, las otras dos facultades eran la sensibilidad y el entendimiento, y sus actos correspondientes, la sensación y el concepto.

Se retoma la pregunta de ¿cuáles son los esquemas para las categorías?

Los esquemas de las categorías son los diversos aspectos de la intuición del tiempo, es decir, las categorías expresan conceptualmente el tiempo como el producirse o gestarse de la intuición.

Dijimos que la objetividad consiste en la exigencia de que el modo en que la pluralidad de la sensación se agrupa esté fijado; es decir, que aun no sabiendo cuál es, sepamos que hay uno y solo uno válido.

Esa fijación es el tránsito del esquema (el proceder en el reunir) al concepto (regla); es la separación del modo de proceder con respecto al caso concreto de su ejercicio, y con esta separación el modo de proceder deja de ser modo de proceder para pasar a ser regla, universal, concepto, y lo que queda al otro lado, que es aquello frente a lo cual el universal se separa: el singular, la intuición, el sujeto del juicio, es decir, el caso concreto.

La objetividad consiste en la escisión del universal frente al caso concreto, y es aquí donde surge el conocimiento. Además de la escisión, la objetividad supone la fijación de un quid, de un contenido.

[Apuntes tomados del libro “Historia de la filosofía” de Martínez Marzoa.]

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