1º de Grado·Leibniz·Ontología

Leibniz

Leibniz se plantea la misma pregunta que Descartes: la de cuál es la legitimidad del enunciado. En el caso de Leibniz, esto se formula: en qué consiste “la naturaleza de la verdad en general y la conexión entre los términos de la enunciación”.

LA CUESTIÓN DE LA VERDAD

Toda verdad lo es porque se la puede “reducir” en virtud de las definiciones o mediante el análisis de la “nociones” a un cierto tipo de verdad que de entrada llamamos “identidad” o “verdad idéntica” y que simbolizamos con la expresión “A es A”. Pero esto no es la respuesta, sino el encaminamiento de la pregunta. Sobre este planteamiento, la cuestión es: cómo hay que entender el mencionado “reducir”, qué son exactamente las “definiciones” y “nociones” de que se habla,  qué es “resolución” y cuál es el sentido de “A es A” en este contexto.

Si supusiésemos que una noción es una mera suma (no estructurada) de notas, cuya mención expresa sería la definición, entonces la resolución propiamente no sería nada mas que lo que Kant llama juicio analítico, esto es, una tautología. En otras palabras: si a los términos de la enunciación los llamamos “sujeto” y “predicado”, para Leibniz la cuestión de la verdad consiste en que el predicado “esté en” el sujeto, o que el sujeto “contenga” el predicado, y entonces la cuestión pasa a ser la de en qué consiste ese “estar en” o “contener”, el cual precisamente NO consiste en que el predicado sea una nota o subconjunto de notas incluidas en el sujeto.

La A de “A es A” no puede ser cualquier término, debe ser una res (o construible), es decir, algo a lo que convienen unos predicados y otros no, algo que tiene un conjunto de rasgos (por tanto, en el “A es A” de Leibniz no están incluidas las figuras geométricas).

NOCIÓN E IDEA

Lo que hemos llamado res o construible es un contenido de iure de la mente, aún cuando no sea un contenido de facto. Este contenido de iure (al que Leibniz en ocasiones llama “idea”), está en la mente, aun cuando de hecho no esté, frente a lo cual conceptus o notio sería lo que solo está cuando efectivamente está.

De acuerdo con esto, la idea es el objeto del conocimiento, mientras que el concepto o la noción es el conocimiento que se tiene de la idea. El carácter de la idea es la capacidad de ser sujeto de enunciados válidos. Por tanto, se investiga la idea cuando se investiga cómo es de iure la noción.

LA VALIDACIÓN DE LAS NOCIONES

[Cuando Descartes habla de percibir las ideas verdaderas con claridad y distinción, ya está remitiendo la quaestio iuris a una cierta quaestio facti. Leibniz no acepta que una idea pueda ser fácticamente constatada, y se plantea cómo reconocer las ideas, es decir, cómo validar las nociones, mediante algo que no sea la constatación fáctica. Esboza los siguientes pasos]:

Digamos que la noción es “clara” cuando es suficiente para que lo percibido se distinga de cualquier otra cosa, o sea, cuando es suficiente para que reconozcamos la cosa cada vez que volvamos a encontrarla. Una noción además sería “distinta” si lo que la hace clara es además enunciable, es decir, si podemos descomponerlo en elementos o “notas”: en tal caso, podemos ya dar una definición nominal.

Pero esta definición no garantiza que haya realmente una res, porque la legitimidad de la definición se remite a la de los elementos o notas, los cuales no han sido aún validados. Por tanto, el paso siguiente es ejercer el mismo proceder de descomposición de las notas de la noción, con lo cual nos acercaríamos cada vez más a la definición real, que sí garantizaría que hay res, y lo garantizaría al expresar el conocimiento adecuado, es decir, aquél que consiste en llevar hasta el final la deconstrucción de la noción y efectuar desde el inicio su reconstrucción.

Este proceso desemboca en nociones (o ideas) absolutamente primitivas, pero Leibniz dice que no puede poner ningún ejemplo seguro de tal cosa, sino a lo sumo decir que ciertas nociones se acercan a ello más que otras. Las nociones absolutamente primitivas son solo un referente ideal. Para Leibniz, no puede tratarse de validar en términos absolutos ninguna noción, y él aquí solo explica en qué consiste en general el proceso de validación.

SISTEMAS DE SIGNOS

Siempre que se da este proceso de validación, en la noción compuesta que se deconstruye y reconstruye, cada noción “menor” que se obtiene ha de ser “guardada”; hay, pues, algo así como “memoria”, no psicológica ni temporal, sino en el sentido de que las nociones han de ser fijadas y conservadas a lo largo del proceso, es decir, han de estar presentes sin ser actualmente efectuadas como conocimientos, y esto, según Leibniz, solo puede ocurrir por el hecho de que se establece un signo.

Un signo solo lo es en un sistema. El que haya signo requiere de ciertas condiciones: que haya alguna relación o relaciones definidas en el conjunto de las cosas a designar, y alguna relación o relaciones definidas en el conjunto de los signos, de manera tal que cierta relación se de en los signos si y solo si se da entre las correspondientes cosas (es decir, debe haber un isomorfismo, una estructura común).

PSEUDOIDEAS

La perfección de los sistemas de signos es limitada (es un isomorfismo limitado), y esto explica que pueda formarse “falsas ideas” o “pseudoideas”, que ocurre en los casos en los que el sistema de signos permite formar nociones para las cuales no hay res.

La formación de pseudoideas radica en el establecimiento del sistema de signos. Leibniz piensa que la cuestión de la validez de la idea es la misma que la validez del enunciado (puesto que la validez del enunciado “algún A es B”, es lo mismo que la validez de la noción “AB”). Por tanto, lo que se planteó al principio de la validez del enunciado, ahora se explica: la validez del enunciado es equivalente a la validez de la noción, y la validez de la noción consiste en remitir a una verdadera idea.

Por tanto, si quedan identificados enunciados falsos con pseudoideas, y enunciados verdaderos con ideas verdaderas, se concluye que la cuestión de la verdad radica (al igual que la de las pseudoideas), en el establecimiento del sistema de signos. Pero un sistema de signos perfecto no es algo factible.

Los sistemas de signos fácticos siempre reposan en un isomorfismo limitado entre los signos y las cosas a designar; esto se debe a que el sistema es válido solo para el tratamiento de determinadas cuestiones en determinado campo de objetos. Un sistema que valiese siempre y para todo tendría que expresar todas las relaciones: el isomorfismo tendría que ser total, pero un isomorfismo total ya no es isomorfismo, es identidad; el conjunto de los signos pasaría a ser el conjunto de las cosas.

CALCULUS Y CALCULUS UNIVERSALIS

Llamamos “calculus” a un sistema de reglas que permite formar figuras como combinaciones de otras figuras. Si este sistema de reglas o signos no solo fuera válido para un cierto campo de objetos limitado, sino que lo fuera para todas las cuestiones, es decir, si el isomorfismo fuera absoluto y abarcara todas las cosas y todas las relaciones entre ellas, ese calculus, el calculus universalis, ya no sería distinto del ser mismo de las cosas: el calculus universalis es el modo en que Leibniz entiende el ser.

[Apuntes sacados del libro “Historia de la filosofía” de Martínez Marzoa.]

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