Doxografía·Sócrates

La cuestión socrática

La intención de este texto no se encuentra en explicar cuál es el pensamiento socrático, sino en determinar de qué modo llegamos a conocer ese pensamiento y hasta qué punto ese pensamiento es el verdadero, ya que muchos estudiosos tienen ideas diferentes acerca de Sócrates y su legado.

Sócrates no escribió  nada, todo lo que conocemos sobre él es a través de diversos autores. En muchos casos estos autores tienen posturas contradictorias en torno a la figura de Sócrates. Esto ha provocado divergencias entre los estudiosos de Sócrates.

La ambigüedad de los testimonios socráticos ha hecho plantearse la existencia del Sócrates histórico.

E. Dupréel, en su obra La légende socratique et les sources de Platon (Brussels, 1922), considera que Sócrates es una mera ficción literaria del nacionalismo ateniense creada por Platón y los llamados socráticos con intención de denigrar a los sofistas que, en su gran mayoría, llegaban a Atenas desde otras partes del mundo griego para enseñar sus doctrinas a los ciudadanos atenienses a cambio de su dinero. Algunos de estos sofistas eran Protágoras de Abdera, Gorgias de Leontino, Pródico de Ceos e Hipias de Élide.

Por otro lado, O. Gigon  en su obra Sokrates. Sein Bild in Dichtung und Geschichte (Bern, 1947) admite la existencia real de un tal Sócrates condenado a muerte. No obstante, éste no fue el Sócrates filósofo, sino que aquél Sócrates sirvió de inspiración (como podría haber sido otro) para que autores como Platón, Jenofonte y otros llevaran a cabo la creación literaria del ideal del sabio tal como cada uno lo concebía.

Sin embargo, De Strycker, en su obra Les témoignages historiques sur Socrate (Brussels, 1950), atestiguó que Socrates sí existió puesto que hay testimonios históricos que demuestran su existencia. Además, estos testimonios no sólo se encuentran en la literatura socrática, sino que también hay testimonios en obras históricas. Por ejemplo, en las Helénicas y en la Anábasis de Jenofonte  y  en laCarta VII de Platón, que tiene intención autobiográfica.

Por tanto, al igual que De Strycker, la inmensa mayoría de los estudiosos confían en la existencia de Sócrates basándose en los datos históricos que las obras de los diversos autores nos muestran.

Partiendo de la aceptación de la existencia de Sócrates, hay que considerar cuál fue realmente su pensamiento. Hay cuatro escritores principales que han presentado la figura de Sócrates: Aristófanes, Jenofonte, Platón y Aristóteles.

Sin embargo, en algunos casos, han presentado la figura del filósofo de formas muy dispares, por lo que también han dado cabida a distintas interpretaciones de los estudiosos.

Aristófanes escribe Las Nubes en el año 423 a.C donde se presenta peyorativamente la figura de Sócrates como un sofista (en la idea de “charlatán que cobra por dinero”) burlesco del que no se puede tener consideración. Se refleja, además, a un Sócrates suspendido en el aire contemplando el sol (es decir: preocupado por los problemas naturales.

Sin embargo, en la Apología  Sócrates se defiende de la acusación de que él se involucra en la investigación de las cosas subterráneas y celestes. Él asegura que jamás se ha involucrado en esos asuntos ya que él no sabía nada acerca de esos temas.

Por otro lado, Jenofonte afirma (Memorables, Libro I, I, 12 y ss, y VI, 14) que Sócrates se había familiarizado con los “antiguos” filósofos (entiéndase los presocráticos). Como ya Ión de Quíos comentó (según Diógenes Laercio y Simplicio) que había escuchado a Arquelao, discípulo de Anaxágoras.

Además en el Fedón de Platón (96-97) se recuerda la pasión juvenil de Sócrates por conocer la ciencia física y por hallar una solución a los problemas naturales. Por tanto, Sócrates tenía conocimientos acerca de los problemas naturales.

Sin embargo, Jenofonte en su obra Recuerdos dice que su maestro siempre hablaba de cosas humanas y Aristóteles (Metafísica, 987 a-b) afirmaba que Sócrates no se ocupaba de la naturaleza, sino de cosas éticas.

Ante esta incongruencia, Rodolfo Mondolfo (1955) pretende resolver el problema. En la Apología Querefonte se acercó al oráculo de Delfos y le preguntó si había alguien más sabio que Sócrates, a lo que la Pitia contestó que nadie había. A raíz de ahí, Sócrates decidió indagar acerca de por qué razón Apolo le consideró el más sabio. R. Mondolfo considera que, para que Querefonte planteara esta pregunta al oráculo, Sócrates ya tendría que haber ejercido su misiónd e maestroy, por tanto, la respuesta de la Pitia fue el hecho que determinó, no el comienzo de su investigación, sino el paso de los problemas de la naturalez a los problemas del conocimiento y del hombre.

A todo esto se suma Dover (Socrates in the Clouds, 1968) quien señala que existen tres hipótesis para las discrepancias que existen entre Aristófanes y Platón y Jenofonte:

– Aristófanes caricaturiza al Sócrates real, mientras que Platón y Jenofonte lo idealizan y le atribuyen sus propias teorías.

– Aristófanes refleja al Sócrates del 423 a.C en tanto que Platón y Jenofonte se refieren al de veinte años después.

– Platón y Jenofonte presentan al sócrates real mientras que Aristófanes le atribuye características y doctrinas que pertenecen a los sofistas en general.

Dover se decanta con la 3ª hipótesis y es la hipótesis más aceptada. Por tanto, Aristófanes utilizaría a Sócrates acumulándole ciertos rasgos tópicos del filósofo innovador de la época. Elige a Sócrates como ejemplo de intelectual, ya que sería conocido en su época (la obra Connos del comediógrafo Amipsia, se presenta a un Sócrates que hace cala de su sabiduría y de su heroica continencia).

Luis Gil, en la introducción de Comedias de Aristófanes hace una crítica a la hipótesis de Dover por dos razones:
– Para que una caricatura de un personaje surta efecto debe tener un fuerte parecido con el personaje real. Por tanto el personaje de Sócrates no podría ser un mero ejemplo.

– No ha tenido en cuenta el decreto de la propuesta de Diopites, donde entre otras cosas, se incluída el delito de asebeia (impiedad). La impiedad se entendía como cualqueir falta contra las divinidades, los miertos, los progenitores y la patria. Además el decreto exigía que debían ser denunciados quienes no creyeran en las cosas divinas y los que dieran explicaciones sobre fenómenos celestes. Por tanto, Aristófanes al representar a Sócrates interesado por las cuestiones metereológicas estaba acusándolo de graves delitos. Quizá esta mala intención, dice L. Gil, fue una de las causas que contribuyeron al fracaso de la primera redacción de Las Nubes.

Finalmente, el hecho de verse representada la figura de Sócrates como un sofista más, muestra la visión prejuzgada que tenía el pueblo ateniense de Sócrates. Tras ello, se puede sacar a conclusión que Sócrates se apartaba de la metodología educativa tradicional que Aristófanes pretende defender que se basaba en una moral conservadora sin reflexión. Sócrates pretende hacer pensar, el modo de salir de los problemas es a través de la reflexión.

Otro autor que nos ha dejado bastantes testimonios sobre la figura de Sócrates es Jenofonte.

Ya Tomás Calvo en la Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía 14 (1997) afirma que “el Sócrates de Jenofonte carece del vigor personal y de la brillantez intelectual del Sócrates platónico”. En laApología de Jenofonte se nos presenta un hombre corriente, adaptado a la vida cotidiana, respeta los ritos. Además, en Recuerdos de Sócrates también se nos muestra a un personaje nada conflictivo, con una conducta y actividad filosófica que no nos permiten inaginar cómo un ciudadano semejante podría ser acusado y condenado a muerte.

La defensa de Sócrates no va dirigida a al brillantez sino a la mediocridad: Sócrates no es culpable porque no hace nada fuera de lugar, es un hombre adaptado.

El valor de Aristóteles como fuente independiente para el conocimiento de las doctrinas de Sócrates ha sido y es a menudo cuestionado ya que no conoció a Sócrates personalmente, su información procede de los diálogos platónicos y condicionado por toda la literatura socrática e interpreta las doctrinas en función de sus intereses.

Sin embargo, pudo haber accedido a más información por parte de Platón y por las comentadas en la Academia.

Además suele distinguir (no siempre) el Sócrates real del Sócrates de los textos de Platón.

Tomás Calvo (1997)  afirma que en las últimas décadas del siglo XX puede observarse una preferencia generalizada por el Sócrates platónico como el que más se acerca al Sócrates real. Sin embargo, no es en todas las obras donde se vería reflejada la imagen real de Sócrates, sino en las primeras obras.

Un ejemplo que demostraría esta hipótesis es la de la Apología de Platón. Aunque esta obra no sea un reportaje estrictamente histórico, sino una recreación literaria. Platón no falsearía el personaje ni su defensa, ya que muchos de sus lectores habían estado presentes en el juicio y no hay ninguna evidencia externa que contradiga a la Apología.

Sin embargo, para los que defienden esta hipótesis es una ardua tarea separar las teorías de Sócrates de las de Platón. G.Vlastos (Socrates: Ironist and Moral Philosopher, Cambridge 1991) sostiene que en toda la obra de Platón es posible distinguir y contraponer con suficiente nitidez los elementos estrictamente socráticos y los elementos que serían ya exclusivamente platónicos. Según Vlastos en los primeros diálogos platónicos hay unas propuestas filosóficas que se oponen y son incompatibles con las propuestas filosóficas de los diálogos posteriores. Las primeras serían las de Sócrates mientras que en las propuestas filosóficas de los diálogos posteriores pertenecerían puramente a Platón, pese a que utilice a la figura de Sócrates como portavoz.

Como conclusión, los rasgos con que cada discípulo veía y dibujaba a su maestro son los que han ejercido influjo en el mismo discípulo y, en consecuencia, en el desarrollo de la filosofía griega. Pertenecen a la historia del socratismo y deben tener su origen en la misma personalidad y acción del maestro.

Sin embargo, como no dejan de ser interpretaciones, imágenes subjetivas de Sócrates, cabe decir que no hay ningún transmisor 100% fiable. Por tanto, la cuestión socrática siempre estará presente en el estudio del filósofo.

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