Bertolt Brecht·Filosofía Política·Jeremy Bentham·Política

CRISIS Y CRÍTICA

 PARTE 1 

Se presenta la figura de Bertolt Brecht como relevante para entender la crisis actual. Brecht se enmarca en la crisis de los años 20, se plantea la pregunta de ¿cómo hacer arte cuando la obscenidad del capitalismo se muestra desnuda y es imposible apelar a los viejos valores? Para Brecht, la Primera Guerra Mundial impide regresar a marcos anteriores, rompe la tradición.

Apunta hacia Chaplin, a quien admira, porque representa la cultura popular emergente. Es necesario entender la realidad libre de a prioris. No hay que mirar la realidad desde un molde interpretativo y recortar todos los aspectos de esa realidad que no encajen con el molde. Para Brecht, esta manera de romper con los marcos debía ser rota mediante el extrañamiento.

“Lo más difícil para la filosofía es acceder a lo simple”.

De un modo dialéctico, es necesario comprender lo elevado desde el punto de vista de lo popular, y lo popular de manera más analítica y refinada. Esto es lo que Brecht llamaba Plumpes Denken (pensamiento crudo). Necesidad de hablar en términos concretos y prácticos, y no en generalidades tendientes al idealismo y al romanticismo insincero (hablar de Libertad o Igualdad con mayúsculas es peligroso porque se puede perder de vista el mundo real y concreto).

PARTE 2 (Pablo López)

Se presenta a la crítica como criba de la verdad, sobre todo en las actitudes de gobierno y poder. La crítica es una actitud histórica y, como tal, no puede entenderse sin la práctica de gobierno concreta sobre la que ejerce su actitud de discernimiento.

El gobierno actual es el neoliberalismo, caracterizado por llevar a todas las relaciones a su pertenencia a un ámbito mercantil, para que de este modo contribuyan al bucle producción-consumo. Al estilo de Bentham, se pretende que seamos “empresarios de nosotros mismos”, y toda relación social o comunitaria se entiende como un agregado de entes individuales en continua prosecución de su interés propio.

La legitimación de todo este entramado de relaciones es la libertad, concretamente, una libertad ilimitada que no atiende a ninguna instancia fraternal o reguladora. Esta libertad se presenta como una concesión, que toma sus raíces, en último término, del antiguo discurso ilustrado. Aquí surge la pregunta de: ¿cómo nos liberamos, si nuestra carga consiste precisamente en una concesión de libertad?

La libertad neoliberal es solo un tipo de libertad, que no es compatible con otros, como el derecho a vivir sin dominación y sin miedo. La libertad neoliberal llama a fomentar la eficacia y la competitividad, es decir, la fomenta porque admite que no es natural en el hombre, pero que el hombre debe ser manufacturado de manera tal que acabe siendo un lobo para sí mismo.

Lo que tiene que ser destruido para implantar esta competencia depredadora es la misma vinculación social, es decir, los lazos y compromisos (familia, amistad, ideales, creencias) por encima de intereses; es este el compromiso humano que el marco neoliberal no entiende.

La libertad neoliberal trabaja con el miedo, precisamente suprimiendo las instancias que lo palian (sociedades de ayuda, sindicatos, etc). También elimina cualquier compromiso de las sociedades con los cuerpos: cada individuo tiene su muerte y su enfermedad, son suyas y es su riesgo y su suerte.

Esta libertad también forma nuevos modelos de temporalidad, como una total disponibilidad laboral, o el consumo 24 horas. Pide un permanente perfeccionamiento de las capacidades productivas del trabajador, que ahora no debe vender solamente su fuerza de trabajo, sino a sí mismo como producto.

Los individuos pasan a distinguirse mediante expresiones permanentes, mientras que no tienen tiempo para reflexionar.

Nos hacen sentir tanto más libres allí donde nuestro poder es mínimo. Eligiendo zapatos, o expresando nuestra opinión, sentimos que somos libres y nos levantamos como fieras cuando alguien menciona que no hay libertad de expresión para reclamar nuestros derechos; sin embargo, toleramos cualquier negación de nuestra posibilidad (y derecho) de ejercer poder.

La libertad a exigir, por tanto, frente a la concesión neoliberal, es otra muy distinta, es de no dominación: se exige y requiere la restauración del vínculo social, las garantías básicas para los cuerpos, y una libertad que signifique ejercicio de poder.

[Apuntes tomados de la clase Crisis y crítica, de La Uni en la Calle.]

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