1º de Grado·Psicología

SENSIBILIDAD Y PERCEPCIÓN

El sujeto no experimenta sensaciones, como parcelas separadas, sino que la base de nuestra experiencia son las percepciones, que suponen una estructura relacional. Es una estructura que no puede ser despedazada en elementos más pequeños.

No existen unidades de experiencia por debajo de la percepción. En este tema vamos a ver las relaciones entre la percepción y la cultura, la percepción y el aprendizaje, y también cuáles son las características generales de la percepción.

1. Características generales de la percepción

Decimos que la percepción siempre posee la característica de mostrarse como una figura (o estructura figurada) en relación necesariamente a un fondo. La escuela de la Gestalt afirma que en toda percepción nos encontramos con estos dos componentes, figura y fondo: es una característica necesaria de la percepción. Esta manera de la percepción no solo es estudiada por la psicología, sino también por la filosofía, concretamente, por la fenomenología (Husserl, Brentano). Gestalt y fenomenología están ligadas íntimamente.

Una segunda característica es el aspecto dinámico de la percepción. La percepción se mantiene como un proceso, tiene un carácter procesual y, por tanto, dinámico. La figura no es una imagen fija, como una suerte de fotografía, sino que la percepción es una imagen-movimiento. Esta imagen-movimiento va a componer lo que se ha denominado “corriente de conciencia”, una especie de fluir psíquico, en el cual no podemos distinguir con claridad la percepción pasada, de la presente o futura; no hay cortes concretos en la corriente perceptiva, sino que es un fluir constante.

La característica fundamental de esta percepción dinámica es el tiempo. El tiempo es el que canaliza este fluir; un tiempo que va a ser duración. No se trata de un tiempo que se puede reducir al espacio (que es lo que habitualmente se ha hecho en la cultura occidental), es decir, reducir el tiempo a movimiento espacial. Para Versonne no es posible esta espacialización del tiempo: el tiempo tiene un aspecto subjetivo, y esto es lo que le conforma en cuanto a duración. Así, dos personas, ante al proyección la misma película, la brevedad es diferente en cuanto que a duración psicológica (aunque no en tanto que objetivación del tiempo en función del espacio). Este tiempo psicológico está anclado en la subjetividad de los individuos. Así, se entiende que el tiempo es el que estructura la corriente de conciencia.

La percepción nos ofrece siempre un significado. Este es un significado pre-lógico, es decir, el significado mismo que se nos ofrece en la percepción no está mediado por conceptos. Una percepción es experimentar una presencia, pero esta presencia no proviene de una representación, esto es, de un concepto en mi mente, sino que la experiencia directamente nos ofrece una presencia, sin mediación lógica.

Una cuarta característica es el carácter multisensorial de la percepción. No existe prácticamente ninguna percepción que pueda canalizarse a través de un solo canal sensorial, sino que las percepciones se pueden dirigir por diversos canales. Así ocurre con el movimiento, cuya percepción podemos tener a través de la vista, del oído, del tacto; puede ser a través de uno solo o de varios de ellos. Los canales sensoriales de la percepción se encuentran entretejidos unos con otros. Este carácter multisensorial está ligado a la característica esencial del lenguaje natural (no formal); de él proviene la presencia del lenguaje metafórico o analógico en el lenguaje natural: es el cuerpo el que nos permite entender las metáforas, por tanto, la multisensorialidad es la que genera el lenguaje natural a través del cuerpo.

2. La percepción de los aspectos de la realidad

¿Qué entendemos por percepción en este caso? Entendemos la percepción como un punto de vista en una circunstancia. La percepción va a ser una perspectiva en una situación, en el interior mismo de una circunstancia.

No cabe hablar de que percibimos objetos en sí mismos, lo que percibimos naturalmente son aspectos de una circunstancia, que entendemos de manera conjunta. En la circunstancia, el sujeto no sólo contempla cual res cogitans, sino que opera. La diferencia entre operaciones sobre un mismo objeto cambia por completo la percepción de esto (no es lo mismo ver un ayuntamiento estéticamente haciendo turismo, que la percepción que tenemos de él cuando vamos a hacer un trámite). El edificio tomado desde todos los puntos de vista ya no es el edificio visto, sino el edificio pensado. El edificio percibido, siempre lo es desde un punto de vista concreto (aunque, en función de su recurrencia en la percepción, llamamos a algo “objeto”, pero en su origen no hay percepciones de los objetos, sino de los aspectos de las circunstancias).

Entendiendo la realidad como circunstancia en la que se opera, hablemos de la percepción de los aspectos de esta realidad. Empecemos por el tamaño.

La percepción del tamaño no es reductible a fenómenos neurofisiológicos. Los neurofisiólogos entienden que la experiencia del tamaño de un objeto está en relación directa con el tamaño objetivo físico del objeto, que podemos mensurar. Este tamaño objetivo va a proyectar una imagen en la retina (imagen retiniana), y esta imagen va a ser isomorfa con nuestra experiencia del tamaño. ¿Pero existe tal correlación entre el tamaño objetivo y el tamaño fenoménico? Pues no existe tal correspondencia.

P.Ej: Cuando un sujeto de 180 cm da un paso atrás, el tamaño de la imagen retiniana desminuye un 50%. Sin embargo, nuestra percepción de su altura permanece igual: nadie piensa que, dando un paso atrás, el señor pase a medir 90 cm.

El tamaño depende también del valor que tenga el objeto percibido. Así, todos aquellos objetos en una cultura que son radicalmente deseados o indeseados se perciben con un mayor tamaño (cuando un testigo reconoce a un asesino, las descripciones crecen a medida que el asesino es considerado más peligroso por el testigo). Pero los valores no son, los valores valen, y valen en función del proceso de aprendizaje del que han sido sujetos las personas de una sociedad concreta.

El espacio no forma parte de una realidad exterior que después es percibida por los sujetos, sino que la misma experiencia es espacial. En todas las experiencias, podemos hablar de los cercano, lo lejano y lo contiguo. El espacio es más una condición de posibilidad de la percepción que algo percibido. Pero ¿qué da lugar a la percepción del espacio?

El espacio es una construcción operatoria, es una relación entre objetos, pero objetos que en un principio van a estar unidos también a emociones y prácticas. No podemos hablar de espacio geométrico más que como un producto científico desprendido a partir de prácticas operatorias concretas. El espacio experimentado no es un espacio geométrico, no puede ser despedazado en puntos, planos, curvas… el espacio perceptivo está constituido por los lugares, teñidos estos por la operatoriedad de los sujetos.

El espacio es también multisensorial. No solo percibimos el lejos o el cerca dependiendo de la vista, sino a través del olfato, el oído, etc. El espacio se construye a través del choque del cuerpo del sujeto con otros cuerpos. En este choque se construye la lejanía, se construye operatoriamente el espacio.

Los protozoos se orientan por medio del choque, aunque esto supone un derroche de energía, que se va a ir reduciendo a medida que se desarrolla la evolución biológica. La evolución da lugar a un ojo, y este ojo ya no derrocha la energía para orientarse que lo hacía el choque, sino que el ojo lo que hace es “tocar a distancia”.

La profundidad forma parte de la percepción del espacio, aunque tiene su propia lógica interna. La percepción de la profundidad natural (no representacional, no dibujos, sino real) se constituye básicamente por la lejanía entre el cuerpo y un objeto, o entre dos cuerpos, y que es experimentada por un sujeto. Esta profundidad no se puede explicar neurofisiológicamente, dado que las retinas son planas, solo disponen de estimulación en dos dimensiones. Para los neurofisiólogos, la profundidad es un proceso cerebral. Pero si solo está basado en una imagen en dos dimensiones, ¿cómo surge la profundidad?

La profundidad surge de un proceso de aprendizaje basado en el cuerpo. La profundidad procede de la construcción operatoria en el manejo y manipulación de objetos, así como en el cambio de perspectivas y el movimiento o tránsito entre los objetos. Así, las experiencias corpóreas personales son las que crean la profundidad. Pero las imágenes visuales por sí mismas no tiene profundidad.

Con la percepción del tiempo sucede lo mismo que con la percepción del espacio: no podemos decir que ocurra de manera objetiva más allá de la conciencia. Como ya se ha dicho, el tiempo es duración, y esta depende de la experiencia subjetiva. El tiempo es una construcción operatoria ligada a la velocidad, pero no la representada en fórmulas, sino con la velocidad entendida como el tiempo con el que se suceden unas tareas operatorias con otras (la comida, el sueño, el trabajo). De ahí la diferencia entre el tiempo en ambientes rurales (más despacio) y el tiempo en ciudades industriales (más rápido).

La velocidad es una dimensión práctico-material. La velocidad es una calzada romana, un caballo, la construcción del calzado, son pragmatas de sociedades humanas concretas. La velocidad no es algo abstracto, sino material. En la medida en que aumenta la velocidad en las culturas, estas son más complejas y a la vez son más poderosas, porque pueden recorrer más espacio en menos tiempo que otras culturas. Hay determinados saltos en la historia que dan saltos cualitativos en la velocidad, por ejemplo, la revolución Industrial, que produce este salto en la velocidad de la producción (máquina de vapor de Watts) y también aumenta la velocidad de las transacciones.

El capitalismo de producción lo que intenta es saciar las necesidades primarias de la población, sin embargo, el capitalismo de consumo, que tiene su auge entre 1945 y 1989, que produce otra mercancía: consumidores, producidos por empresas de publicidad y marketing (masificación de la televisión). En su último estadío, encontramos el capitalismo de hiperconsumo. Este capitalismo está ligado al modo de producción, y a la aparición de los nuevos pragmatas digitales. Si antes se había distinguido entre el valor de uso y el valor de cambio, en el capitalismo de hiperconsumo se intenta (y se consigue) reducir cualesquiera valores de uso a valores de cambio. Y estos valores de consumo son condicionados por la publicidad a través de la transmisión de valores.

La publicidad no se basa en información, sino en adherir emociones a una mercancía.

El taylorismo (producción en cadena) se ha sustituido por el toyotismo, que aplica a la producción de coches la gestión de la venta en supermercados. Toyota no genera un stock de automóviles, sino que unifica la demanda con la producción. Igual que en el supermercado se reponen las mercancías en los mostradores cuando son comprados, igualmente los coches se van a reponer a medida que sean vendidos.

Los pragmatas de nuestra época (computacionales y robóticos) llevan nuestra operatoriedad a la velocidad máxima, la velocidad luz. En el capitalismo financiero, los mercados funcionan a velocidad luz. En milésimas de segundo se compran y venden acciones, por ejemplo, o el propio internet. El lenguaje máquina se transmite a velocidad luz. Las acciones humanas, por tanto, alcanzan la velocidad límite del universo. Con esto, el espacio planetario se reduce al aumentar la velocidad; pero si se reduce el espacio, también se va a reducir el tiempo.

Las operaciones productivas y financieras están incorporadas al tiempo vital, así como las operaciones virtuales. La total ocupación de nuestras vidas por este tiempo de producción y mundo virtual resulta en una desaparición de nuestras biografías, que se construyen en la vida real y no en los medios computacionales. Así, el pasado y el futuro desaparecen, y solo queda un presente ocupado por los mundos productivo, financiero, virtual, etc. Este presente acaba resultando en una demanda continua de flexibilidad y adaptabilidad, tanto en la vida laboral, como, en consecuencia, en nuestra vida personal e incluso emocional. Se trata de generar trabajadores que continuamente se adapten a las variaciones del mercado. Esta adaptabilidad es la que nos lleva a no ser nada, solo acabamos siendo la capacidad de adaptación al medio, pero no somos nada en cuanto que estructura biográfica. [La entrega y supeditación al modo de producción industrial olvida los cuerpos, las personas, las relaciones.]

Todo esto resulta en la destrucción de la política. Cuanto mayor sea la regulación, más lentas son las tomas de decisiones. El modo de producción demanda rapidez, y esto supone una eliminación de la política, de cualquier regulación. Y esta nulidad de la política conlleva una nulidad de la libertad, no de libertad de elegir (que es negativa), sino libertad de decidir (positiva). No es lo mismo elegir entre los objetos de un supermercado que decidir qué objetos hay ahí. Es necesario ejercitar el poder de decisión (p. ej, representación de los trabajadores en los consejos de administración de las empresas).

3. Cultura y percepción

La idea de cultura no es unívoca. El término “cultura” es análogo, esto es, modifica su significado cuando introducimos, además del término “cultura”, segundos o terceros términos.

Cabe concebir la idea de cultura desde un punto de vista estético, político, administrativo o, que es la que aquí se manejará, la cultura antropológica. Esta cultura está siempre filtrada por el lenguaje, de tal manera que se entiende que la cultura es todo aquello que puede pasar como contenido conductual que puede pasar de una generación a otra por medio del lenguaje oral.

Desde el punto de vista de los etólogos, la cultura no es esencialmente humana; también existen culturas animales, puesto que los animales también son capaces de transmitir conductas de una generación a otra, a través de lo que se llama aprendizaje por observación. Pero la cultura humana y la animal son distintas.

La cultura humana se construye a partir de instituciones (como la agricultura, la caza mayor, la arquitectura, etc). Estas instituciones están compuestas por normas supraindividuales, que rigen para todos los individuos. Se trata de normas práctico-operatorias. Estas normas contienen, a su vez, conductas que, gracias a la conducta proléptica de nuestra especie (capaz de anticipar acontecimientos futuros), puede establecer normas práctico-materiales para llevar a cabo la institución de la caza o la agricultura. El ejercicio de estas normas supone una planificación, que es el discurso en grupo acerca de estas normas. Esta capacidad de planificar para obtener fines por recurrencia (los procedimientos se repiten y se obtiene el mismo resultado) constituye la cultura humana. Esto nos distingue claramente de los animales, que no tienen capacidad proléptica, no pueden anticipar situaciones futuras, y solo transmiten conductas por observación. Nuestra cultura incluso genera normas acerca de las normas, es decir, códigos normativos, morales o jurídicos, que regulan las instituciones.

Tener responsabilidades significa tener la capacidad de responder frente al cumplimiento de un deber. Los animales no tienen deberes ni responsabilidades, no son sujetos de derecho ni de moral, porque no pueden decidir.

Si se pretende afirmar que la percepción está en relación con la cultura (y se hará), debemos decir que no se percibe de un modo distinto porque se piense de modo diferente, sino porque se hacen cosas diferentes. De hecho, porque hacemos cosas diferentes pensamos de modo diferente.

Nosotros vivimos en ciudades carpinteadas: nuestros edificios se forman de líneas rectas y ángulos rectos. Por ello, somos susceptibles a la ilusión óptica de Müller-Lyer:

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En otras sociedades no sucede esto, no caen en la ilusión, solo sucede en la sociedad occidental del siglo XIX en adelante. Así, vemos cómo la institución arquitectónica modifica la percepción.

No se puede distinguir de manera clara y distinta qué es cultura y qué es percepción.

*

4. El aprendizaje perceptivo

-Relación figura-fondo

1. Cuando dos áreas tienen un límite común, lo que se percibe como teniendo forma es la figura.

2. La figura resalta sobre el fondo de tal manera que el fondo parece que se extiende por detrás de a figura.

3. Lo que toma un significado es la figura.

4. El color de la figura es más denso y sólido que el del fondo.

5. La figura parece más cercana que el fondo.

6. La memoria actúa mejor sobre la figura que sobre el fondo.

7. El contorno o límite común entre la figura y el fondo pertenece a la figura y no al fondo.

Algunos de los gestaltistas se interrogaron acerca de qué tiene más peso, si la figura o el fondo. Pero no se puede imaginar ni pensar una percepción que solo tenga figura y que carezca de fondo. Sin embargo, sí podemos imaginar percepciones que contengan solamente fondo y carezcan de figura. Esto es lo que dicen que pasa en la oscuridad o el silencio, pero eso es una falacia, porque para que haya percepción debe haber estímulo (fotones o ondas de audio). Cuando se va la luz y la oscuridad es total, utilizas el cuerpo de manera táctil y tu cuerpo pasa a ser la figura sobre un fondo.

Un señor probó que algunas percepciones solo incluyen un fondo (metiéndole a un sujeto la cabeza en una pecera con niebla). Este sujeto solo vería un fondo si le cortaran la cabeza; recordemos que la percepción es multisensorial: en casos extremos, la figura es nuestro cuerpo, concretamente en el aspecto táctil de nuestra sensorialidad.

-Agrupaciones por proximidad: En igualdad de circunstancias, la proximidad entre estímulos constituyentes de la percepción tiende a formar totalidades. Los chimpancés no llevan a cabo asociaciones, cuando hay dos cosas próximas como puntitos, solo perciben una figura.

-Principios de organización de totalidades, buena figura o pregnancia, y cierre o clausura. El primer afirma que varias organizaciones geométricamente posibles, se percibe la que tiene una figura más simple y más estática. El segundo es que de dos organizaciones perceptuales posibles se tiende a percibir la organización cerrada más que una abierta.

-Derivaciones psicofilosóficas de la teoría de la Gestalt

Gurwitch intenta estudiar la conciencia a partir de la fenomenología con los resultados que se obtienen con la psicología de la Gestalt. Maurice Merleau-Ponty igualmente toma estas dos corrientes para explicar el comportamiento.

Para Gurwitch, la conciencia siempre se nos presenta como un campo de conciencia. No funciona como objetos desperdigados aquí y allá, sino que la percepción conforma un campo perceptivo en el cual los objetos están relacionados unos con otros, formando un campo o contexto. Unos objetos entretejidos con los otros. Este campo de conciencia está conformado por los datos que se dan en un momento dado en la conciencia de manera simultánea.

Está compuesto por distintas regiones: el tema, el campo temático y el margen. El tema viene a ser lo que es la figura para la Gestalt, aquello que ocupa el centro de la conciencia. El campo temático son aquellos datos simultáneos en la conciencia que tienen relación o son pertinentes con el tema. Por último está el margen, es copresente con el resto de datos pero no tiene relación con el tema ni con el campo temático.

Por ejemplo: un sujeto está resolviendo un problema aritmético. El tema en su conciencia será el problema aritmético a resolver. El campo temático serán las reglas aritméticas, y el margen sería el sonido del tráfico que entra por la ventana.

Esta noción de margen da cuenta de objetos que no están en el centro de la conciencia de los objetos, pero que tampoco están ausentes; podrían declararse como inconscientes.

La percepción tiene un carácter indeterminado. Parte de la percepción estará presente (la parte delantera de un edificio), mientras que otra parte será inminente (la parte trasera que no vemos); esta segunda parte siempre es indeterminada, pero está incluida en la percepción. Del mismo modo que el lenguaje natural es indeterminado, la percepción también debe serlo.

[Apuntes de la asignatura de Psicología Básica impartida por el profesor Robles.]

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