1º de Grado·Filosofia Medieval

Apuntes de Historia de la filosofía Medieval

  1. EL RENACIMIENTO DEL SIGLO XII

 

  • Nuevas condiciones sociales, políticas y culturales

 

→ Alta Edad Media (s. VI-X): pervivencia del Imperio Romano de Oriente y (occidente). Aparición del Islam lo que afectará y cambiará el sistema de todo el Mediterráneo. Economía de subsistencia del pueblo cristiano e importancia creciente como lugar de cultura. Carlo Magno impulsor del cristianismo.

→ Plenitud de La Edad Media (s. XI-XIII): aparecen las cruzadas, el arte románico y se afirma la idea de la cristiandad en torno al papado y los monasterios. Se afianza el poder de la iglesia en las grandes órdenes monásticas (Cluny). Recuperación del comercio favorecido por la reaparición de las ciudades. Se asienta la riqueza sobre el dinero, no sobre la posesión de tierras. Difusión cultural por las nuevas escuelas urbanas y las universidades. Fortalecimiento de la monarquía y aparición del arte gótico. Predominio Occidental sobre el Oriental.

  • Siglo XII: Occidente se vio afectado por un amplio movimiento:
  • Cambio de la población agrícola a la ciudad: se convierte en centro de poder económico, político y cultural. Reapareciendo la vida social, desarrollo de las profesiones y oficios que satisficieran las necesidades nuevas de la época. La ciudad se convierte en el lugar de cambio: el mercado. Valor del oficio de mercader. Recurso de moneda como método de cambio, aparición de los banqueros, aparece el judío en calidad de prestamista y usurero. El monasterio pierde su importancia. Poder burgués (burgo = ciudad) que poco a poco identifica el ámbito de libertad y privilegios. La desigualdad ya no es tanto de nacimiento sino por el  poder económico, no sanguíneo.
  • Revolución agrícola y desarrollo de técnicas artesanales y de cultivo
  • Nueva perfección de la realidad: en la necesidad de adquirir un nuevo grado de expresión que condujese a la producción de diferentes manifestaciones y diversos intelectuales (clérigos, jueces, médicos, arquitectos, artífices, ingenieros…) apareciendo nuevas escuelas de educación laica (ajena a la iglesia: iletrado, el que no tiene formación). Nuevos temas de estudio.
  • “renacimiento”[1] siglo XII: 1128 un Abad presenta a la ciudad, como una obra del demonio, debido a las transformaciones que sufre. En 1840 un francés percibe ésta remodelación implicando un renacimiento. Aparición de las cortes: nuevos saberes. Culto al cuerpo, aparición de la ropa femenina, preocupación por  la belleza física.  Para entender éste renacimiento hay que basarse en una recepción, meditación e innovación.
  • Encuentro de 2 tradiciones que se van integrando: tradición latina (antigüedad de unos 1000 años, saber encaminado a la interpretación de la escritura) tradición greco-árabe.
  • Idea de continuidad: prolongación de la tradición. Mantener, conservar y trasmitir la tradición.
  • Descubrimiento, asimilación y fundamentación científica de nuevos textos científicos (medicina, astronomía…).
  • En fª: interés creciente por la razón capaz de alcanzar la verdad sin ampararse en Dios (revelación) se cae en la cuenta de que había un límite, que ahora empieza a desaparecer. Apertura de la razón. Preocupación por un fundamento verdadero sin revelación. Nuevo método de estudio de la realidad y nueva clasificación de los saberes, terminando por la autonomía de la filosofía respecto de los demás. Circunstancias que se van desarrollando poco a poco y paulatinamente durante todo el siglo XII.

 

→ Baja Edad Media (s. XIV-XV): grandes crisis: depresión económica, peste negra, crisis intelectual, religiosa… aparición de la conciencia racional frente a los demás medios. Comienzos de la separación entre la iglesia y el estado.

  • La configuración del nuevo saber: la escuela monacal urbana.

 

  • Gregorio de Tours: critica la crisis monacal de la cultural y la degradación del saber.
  • La universidad: << reunión de maestros y discípulos>>. Propiamente constituida en el siglo XIII, no nace de la nada; en el siglo XII se va desarrollando una escuela unida al saber.
  • Antecedentes de la escuela medieval:
  • Mundo romano: escuela: personas competentes, se preparan hombres de estado, humanistas (gramática y retórica base de formación). Cicerón y Quintiliano insisten en una educación para estos hombres de estado, han de versarse también en filosofía y otras ciencias. “La instrucción oratoria”  ya una formación desde la infancia. (Quintiliano). Este ideal va a ser asumido por el cristianismo. Adopta a la escuela clásica, la mantiene, perviviendo más allá del Imperio Romano.
  • Escuela monacal: llamados “padres del desierto”. Impartían una formación más espiritual que intelectual surgida al amparo del ideal de educación romano. En oriente, San Basilio crea monasterios en Asia menor y S. Jerónimo propugna una educación de todos los niños. En occidente, será S. Agus, S. Patricio, S. Benito de Nursia y su regla de vida basada en el lema “reza y trabaja”. Estos monasterios eran un intercambio de textos. Conservación y traducción por las copias de éstos. La escuela monacal se une al sistema cristiano y se divide en dos, proporcionando “cultura para todos”:
    • La escuela externa: para quienes no querían formar parte de la orden.
    • La escuela interna: cuando querían pasar a formar parte de la orden propiamente dicha.
  • Escuelas parroquiales: “escuelas episcopales o catedralicias” dónde se formaban a hombres aptos para el ingreso de la iglesia. (Organizadas por un obispo llamado Crodegango que funda una regla de canónigos). Fundadas en torno a la catedral. En las ciudades. El papa reformador Gregorio VII “hildebrando” provoca la gran reforma gregoriana separando a la iglesia del estado, siendo la primera superior al segundo. El papa Alejandro III reestructura todos los centros docentes de la cristiandad, apoya que haya maestros que también se ocupen de estudiantes pobres, regula las normas que debe seguir la enseñanza. Preside el Concilio de Letrán.
    • Escuela de Chartres: más importante.
    • Figura del Magíster Escole.
  • Escuelas Palatinas: en las cortes de los reyes. Destaca la escuela de Aquisgrán (S.IV) imperio de CarloMagno. Acudían muchos personajes destacados de Italia como Pedro de Pissa, Pablo el Diácono[2], Abelardo de Dión (llega a la corte huyendo de los musulmanes), Félix de Urgel, Lipando de Toledo, Teadulfo (experto conocedor de la cultura clásica),  y de Irlanda viene Alcuino de York de gran relevancia en la corte de Carlo Magno.

v   Los nuevos intelectuales.

 

Las escuelas monacales pierden el contacto con las exigencias de la época. Ciencia no innovadora, pobre e incluso vista como algo pecaminoso. Quedan al margen el desarrollo de la educación de la edad media. Importancia de sus bibliotecas enormes que poco a poco van quedando obsoletas por el estancamiento de la escuela. A partir del siglo XII comienzan a perder interés.

Los decretos abalados por sendos papas provocan que las escuelas catedralicias crezcan. Aparece un interés por la enseñanza de más personas, por lo que aumenta la demanda de maestros. Nace la figura del intelectual. Graciano muere en el 1170, era un jurista que estableció la obligación de que todos los maestros debían ser conocedores de las artes liberales. Lo que produjo que se desarrollaran las ciencias naturales, la medicina, la arquitectura…

“La consecuencia es un aumento de escuelas, maestros, alfabetización y por ende, cultura”. (beita)

 

Se funda las “escuelas libres”: para todos. Estas escuelas se van transformando en las “escuelas urbanas” fuentes del saber procedente del exterior a la cultura cristiana. Apertura hacia nuevos campos de estudio. Desacralización del proceso que finalizará a fines del siglo XV.

Los saberes comienzan ha tener una autonomía. La cultura tiende a secularizarse, lo que explica la aparición de un conjunto de promotores intelectuales ajenos a la iglesia, llamados Goliardos.

Así, las escuelas catedralicias se ven desbordadas, por lo que los maestros abren nuevas escuelas que a fines de siglo sufren una transformación en virtud de la asociación entre maestros y discípulos generando las universidades. Relevantes a fines del siglo XIII, principales centros de estudio y difusión del saber. Aparece una nueva profesión: Los Intelectuales con un trabajo definido consistente en pensar, estudiar y enseñar. Específico en la enseñanza.

  • Pedro Abelardo: <<una insoportable pobreza me impulsó entonces a dar clases porque yo no sabía cavar y me daba vergüenza mendigar (…) me vi obligado al oficio de la lengua en vez del trabajo manual>>.
  • Integrantes: todos son clérigos, hombres vinculados a la iglesia, no recibían órdenes sagradas. Se diferencian de las demás personas en su vestimenta (traje talar, hasta los talones, igual que la toga de un juez) y el pelo (“como una coronilla en la cabeza”). El hombre instruido era el clérigo[3] o literatos.  Tenían obligaciones comunes como guardar el celibato si se casaban perdían sus derechos. Contrarios a los iletrados, analfabetos, sin interés por leer.

v   Corrientes contestatarias: los goliardos.

 

“Gula”: garganta, deseo de comer. “liardos”: Goliat. No se sabe su procedencia. Hay hipótesis de su iniciación en la vida religiosa que luego abandonan; Errando y divagando por las ciudades. Movimiento contestatario que se enfrenta al orden social establecido (conciencia por primera vez de sí mismo como sociedad).poetas, cultos y orgullosos de su arte. “ordo vagorum” “orden de los vagabundos”. Intelectuales que animan la cultura popular.

Goliat: héroe mitificado que cantaba los placeres de la taberna y las aventuras amorosas.

“El primado” H. Primas, profesor de retórica en París. Poemas de carácter autobiográfico.

“Archipoeta”: miembro de la corte del obispo de Polonia.

Godofredo de Winchester: muere en el 1107. Famoso por un epigrama que parece que canta el amor homo erótico. (Gay: aparece por primera vez aquí).

Los goliardos son artífices de poesía lírica que cantaban a la comida, al vino y a las mujeres. Hedonismo fatalista, alegría por la vida y la naturaleza. Difícil traducción por sus tonos burlones[4].  Rechazo de la cultura y el estudio, letras y ocio divorciados. La tierna juventud adora los placeres. Ironía y desprecio hacia todos los saberes a pesar de su gran cultura. Mitología muy antigua casi desconocida. De todos los manuscritos destacan los “Carmina Burana” (fines S. XIII), se conserva su notación musical, en torno a 200 poemas la mayoría en latín y unos 40 en alemán antiguo. En 1847 son descubiertos por el bibliotecario de la Biblioteca Pública de Munich.

  • Métodos de enseñanza y contenidos del nuevo saber

 

Desde el siglo V en el occidente europeo puso en práctica saberes no desarrollados en las escuelas (arquitectura, agronomía…). Lo que se estudiaba en el mundo medieval eran textos fundamentales convertidos en Autoritas (autoridad), obras de autores que consiguieron ese título, teóricos sin tener que ver con la práctica. Es igual a la autoridad divina en su método racional.

Pensamiento escolástico (escolásticus; de enseñar): Magíster Capiscole (maestro de escuela). Enseñanza de la dialéctica[5], ciencia que dictaba las normas del recto pensar, decir, hacer y escribir, pasando a significar lo enseñado, era el método más usado filosóficamente en la investigación. Utiliza argumentos de razón. Se pone de manifiesto la razón humana racional frente a una verdad dada y aquello que se defendía y no podía ser discutido por la razón. Perfeccionamiento del propio saber con diferentes pasos. Este método implico cambios en la manera de aplicar las cuestiones.

El método filosófico y el método teológico racional: proceso del método dialéctico: usan el método que poco a poco va desbrozarse para ser el usual del s. XIII. Tiene tres momentos:

  1. La lectio (lección) → “lege” (lectura). Lectura impartida por el maestro “lector”, comentando a la vez cuando estime oportuno. Enseñar consistía en leer textos (el primero la Biblia, luego profanos…) puede ser ordinaria (dirigida por el maestro) o extraordinaria (dirigida por ayudantes y bachilleres). En el curso se fijaba la letra literal del texto y la ambigüedad de términos y frases, opiniones contradictorias…Esto conlleva a la segunda fase.
    1. Eliminar las diferencias aparentes de las autoridades
  1. La quesito (cuestión)[6] → tenía que ser dilucidada. Se constata a fines del siglo XIII. Se trata de poner en acción el método dialéctico para obtener una respuesta lo más precisa posible. Ha de ser correctamente formulada. Aplicación al asunto para dilucidar la sentencia decidida por el maestro, aumentando su autoridad.
    1. Reconocimiento de la coexistencia de opiniones distintas.
  1. La disputatio (disputa-discusión) → “de quo libet/quod libetales” (son discusiones solemnes en celebraciones…) y “ordinata” (cuestiones sobre la verdad de Santo Tomás de Aquino).
    1. Fundamento que permite estos reconocimientos son la observación y la experiencia.

El saber vigente hasta el siglo XII son las Artes Liberales (término que parece proceder del Griego. Recoge los saberes griegos retórica, dialéctica y gramática y las ciencias pitagóricas) conjunto de saberes estructurados más o menos novedosos que abarcan un ciclo de conocimientos. Unidad totalizante del saber.

“Εγκυκλιος παιδεια” → saberes relativos al lenguaje y a la lógica. El mundo latino, Dionisio de Tracia, fue el que tecnificó la gramática (escribe el primer libro de gramática), retórica y sofística. Se desarrolla la disciplina humanitas en el “renacimiento”. Ya Cicerón impulsaba el estudio de estos saberes para todas las escuelas romanas y Séneca planteaba la cuestión de las artes liberales[7] en una carta.

4 clases de artes:

  1. vulgares (sordide) y humildes
  2. recreativas (ludique) y del ocio
  3. educativas o pueriles (para iniciar a los infantes)
  4. liberales[8] (son libres porque hacen libre al hombre, se ocupan de la virtud). Base del método romano, recogido posteriormente por S. Agus que se ocupa de él antes y después de su conversión.
  • Rábano Mauro: hoy se ha mal-leído el título de su obra, traducida por “Destrucción de los clérigos”  en vez de “enseñanzas para los clérigos”. Según él estas artes se dividen en:

v Trivium: Ciencias del lenguaje (gramática, retórica, dialéctica)

v Cuatrivium: Ciencias Matemáticas (armonía y música, geometría, astronomía y aritmética).

  • Hugo de S. Víctor: maestro, escritor,  probablemente originario de Flandes, autor de “Didascalito o Didaskalión” (lo que concierne a la enseñanza) es el primer compendio de las nuevas artes. Desde su infancia se intereso por el saber. Ingreso en la congregación situada en la abadía de San Víctor (sobre el 1810, París), mostró una preocupación epistemológica de la ciencia. La misión de la filosofía es ordenar las disciplinas de las artes y las ciencias, así como fundamentar la posterior recepción aristotélica desde la teología. <<No saber es una cosa, no querer saber es otra bien distinta>> (la primera resulta de la incapacidad y la segunda de la voluntad).

v La filosofía es la disciplina que examina completamente los principios de todas las cosas humanas y divinas (…) amor y estudio a la sabiduría, (…), única razón primordial de las cosas (…) la podemos extender a todos los actos humanos. << reina de las artes>>.

  • Pedro Alfonso: origen judío, nació en Aragón. Muestra una mentalidad científica que exige la verificación por medio de la experimentación. Obras:

v “Diálogo contra los judíos”: contiene el primer texto latino con conocimiento completo del Islam. Su interlocutor se interroga el porqué de la conversión de Pedro Alfonso es hacia el cristianismo y no el Islam. Reconocimiento de la libertad para creer o no: <<el que crea lo hará por sí mismo el que yerre también>>.

v “Disciplina Clericalis”: cuentos que encierran sentencias moralizantes o instrucciones para obrar. Destinado a los clérigos. Hay misoginia. Configura un modelo de conducta basado en la sabiduría popular.

  • Las traducciones al latín.

 

El primer traductor medieval de textos griegos fue Juan Escoto Erígena con versiones de algunos Padres de la Iglesia y escritores religiosos como Pseudos-Dionisio, Gregorio de Nisa y Máximo el Confesor. Hubo que esperar tres siglos para que, por el contacto que se había ido produciendo entre la Europa cristiana y el mundo islámico, se conociesen textos de ciencia y filosofía griego-árabe. 3 fases:

  1. Las primeras huellas de influencia islámica vienen dadas por Constantino el Africano que promueve la traducción de textos científicos (cuatrivium), gran carencia del mundo latino. Surge la necesidad de apropiación del conocimiento árabe. Traducciones todas del árabe al latín (escuela de traductores de Toledo 1130-1187).
  2. Transición (1187-1250) se siguen traduciendo textos del árabe al latín y destaca Miguel Escoto (traductor de Averroes), Germán el Alemán, Marcos de Toledo (traductor de Hipócrates).
  3. Inaugurado por Alfonso X el sabio (1250-1283), traducciones del árabe al romance (menos difusión por Europa).

 

 

  1. LA FILOSOFÍA DEL MUNDO ISLÁMICO Y JUDÍO

 

  • El Islam y la filosofía

 

De la civilización que habitaba en Algeciras surgen dos épocas a comienzos del siglo VII:

  1. La de la Yahiliyya : pensamiento salvaje o ignorancia
  2. La del Islam: pensamiento civilizado o conocimiento.

En poco más de un siglo se extiende, y aparece el personaje de Mahoma (nace en el año del elefante 570, aprox). Formaba parte de una familia de la tribu de los Quraus, que dominaba económicamente La Meca. Estaba dividida en dos clanes: Hasim[9] y Umayya.

El padre de Mahoma muere pronto, y este es cuidado primero por su abuelo, y más tarde por su tío, que le pone al servicio de una viuda comerciante. En sus viajes por Siria entra en contacto con cristianos y judíos. Se casa con la viuda que le había adoptado, y tendrá varios hijos, aunque solo pervivirá una, Fátima. Con 40 años sufre una crisis y se retira a unas cuevas cercanas a La Meca. En ese retiro dice que oye la voz del arcángel Gabriel que le llama a predicar.

Así, su predicación comienza en La Meca, pero tiene poco éxito. Esta se centraba en la afirmación de la existencia y la unidad, y la unicidad de Dios, y que el hombre ha de estar preparado para el Día del Juicio. Esto era un ataque contra la época de la ignorancia donde existió el interés por las poesías Mu’allaqat (las que están colgadas), que seguirá siendo modelo en el Islam.

En el periodo de ignorancia se hablaba de varios dioses en Arabia. El dios que está por encima de todos es Al-Lah (el Dios).  Se retorna al monoteísmo absoluto de Abraham.

“Mahoma no habría pasado a la historia de no ser por lo que pasó en Yatrib” (guarro): varias tribus que pujan por el poder de la ciudad. Además, hay una comunidad judía aprovechándose del comercio, oyen hablar de Mahoma y le llaman para que pacifique a las tribus. Él acepta, pero con la condición de que le nombren jefe de la ciudad. Así evitaría que los judíos se hagan con el poder. Así, se firma el pacto de Al-Aqaba en junio de 622. Mahoma se traslada a esa ciudad en septiembre. Esto es lo que se conoce como Hégira, que no es huida, sino traslado. También impone la condición de que se le reconozca como profeta, y la ciudad pasará a llamarse Medina (ciudad del profeta). Crea la comunidad de la Umma, y el Islam es reconocido, arranca su calendario.

El hecho religioso será inseparable del político, de donde surgirá el Islam. Ahora las revelaciones cambian de contenido, y tendrán como función la de organizar una comunidad. Así, el Corán fija la Sharía, las leyes por las que estas deben regirse. Después, Mahoma inicia una lucha contra La Meca con el fin de dominarla, y al final es reconocido como jefe y profeta. Hace que los ritos que preexistían al Islam sean reconocidos y adoptados por la nueva religión. En 632 muere en Medina. La Hégira da lugar a un nuevo calendario, lunar. Las predicaciones de Mahoma están contenidas en el Corán, que él no escribió, aunque se considera inspirado por Dios, y por tanto, por Alá.

La tarea de poner las predicaciones por escrito finaliza con el califa ‘Uiman. De la versión “oficial” del Corán desaparecieron todos aquellos pasajes que tenían que ver con ‘Alí, que es el yerno de Mahoma. Así hay una purificación ideológica.

El Corán contiene 114 capítulos o azora y cada uno de ellos dividido en aleyas (versículos). Estas contienen la referencia a la unidad de Dios. El orden los capítulos es decreciente en cuanto a su longitud, salvo en el caso del primero de ellos. El Corán puede definirse como un código de normas de conducta y de relaciones del hombre de Dios. Los pilares de la religión islámica serán cinco:

  1. La sahara, o recitación, dar testimonio de todas las cosas, y de la existencia de un solo Dios.
  2. La oración, que debe hacerse 5 veces al día, aunque en el Corán se fija como obligatoria la del viernes al mediodía.
  3. El ayuno, que tiene como fin la purificación del hombre: el creyente debe abstenerse durante el ramadán de comer, beber, y practicar sexo.
  4. La limosna, el azaque, que debe darse a los pobres.
  5. El Hayy, la peregrinación, al menos una vez en la vida, a La Meca, salvo enfermedad o impedimento económico.
  • ØLa Yihad como guerra santa, esto no está en el Corán. La palabra significa “esfuerzo” de intentar llevar una vida adecuada. Se ha interpretado como guerra santa por interés ideológico, contra los enemigos del Islam.

El Islam desde sus orígenes es una comunidad que contará:

  • El Corán como la primera de sus fuentes.
  • La segunda será la Sunna, la tradición, referida a Mahoma en cuanto a los Hadices (dichos y hechos).
  • La tercera es la Ismaa, la asamblea, el congreso, “lo que se ha acordado en la asamblea”. En caso de duda, se determina a unos expertos, los Ulemas, para llegar a acuerdos.

Todo esto genera un proceso de intento de comprensión del Islam, y este aparece como cultura, y no solo como religión y política. Los saberes quedaron reducidos a dos clases que resumen el desarrollo de la nación islámica:

  1. Las ciencias tradicionales: son el leer, el escribir, el Tawhid (sobre la unidad de Dios y la conciliación de sus 99 nombres que aparecen en el Corán), etc. Estas ciencias aparecen así en el texto revelado.
  2. Las ciencias racionales: al entrar en contacto con el pensamiento griego aparecen los saberes racionales y los problemas teóricos, por ejemplo el de cómo ser un buen musulmán, o cómo ser buen califa, o el de la libertad humana.

También aparecerán las ciencias religiosas y las del derecho (finalidad constituir el conjunto de normativa del Islam).

Las ciencias auxiliares, la gramática[10] y la historia, cuyo fin es el entendimiento de las Escrituras. La historia como ciencia auxiliar surge en el siglo VIII como un intento de legitimación del poder. La manera de proceder será estudiar la vida y los hechos de Mahoma (se idealiza la época fundadora del Islam, y se ofrece como modelo de comportamiento) mientras que a finales de ese siglo, las crónicas que se escribirán versarán sobre las propias historias de los pueblos, de forma que aparece la historia como conocimiento, y entra a formar parte de Adab (las letras), término que designa todo lo que tiene que saber un hombre culto (Adib).

En este sentido encontramos dos nombres (primera mitad del siglo X): Al-Tabart (con su concepción de la razón al margen de la historia) y Al-Masudt (con su obra Las praderas de oro, donde expone que la razón explica los hechos históricos).

Miskawayh es un filósofo e historiador que opina que tenemos que aprender desde la razón de todos los pueblos. Esa razón aparecerá en Ibn Jaldun (+ 1406), que escribió el Libro de las lecciones. Se dice que es la primera filosofía de la historia, como un estudio de la civilización humana. También contiene una sociología del conocimiento.

Dentro del pensamiento islámico se observa influencia de los griegos en tres corrientes:

  1. Kalam: literalmente significa “palabra” y el que la habla es Mutakallimum, en latín loquentes. Esta palabra también designa a los teólogos (teología especulativa), que se dividen en:
    1.  Mu’tazilies (s. VIII): reconociendo la importancia de la razón griega como mediadora, metódica, argumentan razones para poder probar la verdad revelada. Su nombre significa textualmente “los que se ponen aparte”, por no querer participar en la disputa dinástica entre los partidarios del último califa rasidun, y aunque no constituyen escuela, usarán el pensamiento griego. Sus principales problemas son:
  1.                                                i.     La unidad divina: que implica que no se puede predicar de Dios atributo alguno que no sea negativo.
  2.                                              ii.     La justicia divina: que trata del problema del origen del mal, y la consideración de que Dios eligió la libertad para el hombre.
  3.                                             iii.     La ciencia divina: tema en el que concluyen que Dios solo se conoce a sí mismo, y con ello a la creación universal.
  4.                                             iv.     El modo de creación: implica el problema de los accidentes negativos en las cosas, que no pueden ser obra de Dios.

Siempre se consideraron parte de la comunidad sunní. Una concepción tan abierta en cuanto a sus doctrinas, tan racional en cuanto a su creer, y tan defensora del libre albedrío humano podía entrar en conflicto dialéctico con el propio atributo divino de Todopoderoso.

    1. As aries: como reacción surgirá el otro grupo de teólogos, que toman su nombre de su fundador. Piensan que antes de la razón está la tradición, y proponen una moderación en el uso de la razón, que traerá consigo la crítica de los filósofos, por restarle importancia a la hora del conocimiento. Para afirmar la omnipotencia divina echan mano del atomismo, y con ello rechazan la capacidad de los seres de poder ser causas, ya que no habrá más causa que Dios. Sin embargo, también hablan de ciencia humana, que para ellos es la sabiduría de las criaturas que es creada (frente a la sabiduría divina y eterna). A su vez, se divide en el saber necesario y en el saber dialéctico, apoyado en el razonamiento.
  1. Zandaqa, doctrina seguida por aquellos que defienden el dualismo (zoroastristas, maniqueos). Atentan contra el principio fundamental de Islam, y por ello es poco conocido, aunque sí sabemos tres nombres: uno de ellos fue Al-Razi (Rhazes), que fue médico, y su obra será manual de estudio junto con Avicena y Averroes hasta el siglo XVII. Su idea es que la razón es el único camino hacia la verdad, luego los profetas sobran y solo son necesarios los hombres de ciencia. Estas ideas van contra el Islam y por ello no tuvieron difusión.
  1. Si’a, el pensamiento de los shiies, que tiene como principio la idea de que Mahoma es el único profeta, pero después vienen los amigos de Dios, que también acudirán a la filosofía griega. El Corán tiene un carácter espiritual, y su sentido esotérico es común a los seguidores iniciados. Una de las raíces de este movimiento es dinástica, directamente desde Mahoma. Otra raíz es ideológica, y la idea básica es que por encima de nuestro mundo está el mundo de lo imaginal, al que solo se puede acceder por medio de la imaginación. Este mundo estaría por debajo del paraíso, y el hombre ha caído en él, con lo que necesita la ayuda de Dios por medio de profetas y enviados (amigos de Dios). Así, la filosofía que se desarrollará será referida a este mundo intermedio. Se elaborará una teoría de seres angélicos e ideales, que toma del mundo griego las tendencias filosóficas más marginales. Además entroncan con la metafísica de la luz del mundo persa. Para Corban esta es la verdadera filosofía del Islam, la Falsafa. Otra raíz de este movimiento es la étnico-cultural, ya que mientras los islámicos conquistaron Asia, iban conservando algunas ideas y ritos de otras religiones.
  • Filósofos del Islam oriental:

 

Desde los orígenes del Islam está presente la idea de que la verdad se alcanza desde el corazón, aunque no se sabe muy bien de dónde proviene. Los místicos islámicos se interesarán por la filosofía. Escriben tratados sobre el intelecto, para tratar de explicar que tiene una faceta que por medio del amor nos lleva a Dios.

La aparición de la filosofía se verá favorecida por las traducciones. Las primeras se llevan a cabo en el período de los Abassíes (en torno a 760) y las últimas en torno a 1150. A su disposición tendrán los textos de los griegos que conocemos hoy en día. Este período viene precedido por la fundamentación teológica por medio de la lógica (el Organon aristotélico) en monasterios siríacos. Así se habían producido traducciones del griego al siríaco, y aparece el interés por lo que se hace en el Cristianismo. Juan Damasceno había considerado al Islam como una herejía del Cristianismo, y los practicantes de la primera religión entran en contacto con los filósofos y con la literatura popular para tratar de defenderse. Se hablará de los dichos de los filósofos, aunque a veces se cometerán errores. En el siglo VIII aparece la leyenda de Alejandro, que se interpretará como el rey de que habla el Corán. Dado que su maestro era Aristóteles, también se interesarán por este filósofo. Así aparecen algunos apócrifos aristotélicos, como el Secreto de los secretos, que más tarde será considerada como la “Política para Alejandro”. La necesidad de saberes de tipo práctico también fue impulsora de las traducciones (medicina, de Galeno, astronomía, matemáticas, etc.). La primera traducción fechada en época de los Omeyas demuestra que ya había interés por esta actividad. En las traducciones cabe distinguir tres épocas:

  1. La del califa Al-Mansur, que funda Bagdad por consejo de los sabios, hasta Harun Al-Rasid, califa que aparece en la mayoría de los cuentos de Las Mil y Una Noches. Esta época se caracteriza por el método de traducción de palabra por palabra, aunque este método no es muy bueno. Uno de los más traducidos de esta época es Aristóteles.
  2. Desde Al-Mamun (813), que impulsa embajadas a Bizancio para comprar manuscritos, y abre un almacén de textos en Bagdad (la Casa de la Sabiduría), en cuyas traducciones participan cristianos y algún judío, hasta 910, año de la muerte de Ishaq B. Hunayn. Su padre Hunayn B. Ishaq usa otro método de traducción, más científico, algo así como una edición crítica. En este período se traducen todos los textos de Aristóteles, sus comentaristas y algo de los presocráticos.

Desde 910/5 hasta 1045/50. Las traducciones se llevarán a cabo en equipo. Se conocen los presocráticos, Aristóteles (excepto quizás la Política), y todos sus comentaristas. Es la sociedad la que se implica en este movimiento. Todos los textos proceden de Alejandría, y con las traducciones se quiere expresar una continuidad entre Aristóteles y la filosofía del mundo árabe.

 

Dentro del Islam hay dos movimientos filosóficos: Masriq y Magrib (Oriente y Occidente, respectivamente). En el primer grupo encontramos a:

  • ØAl-Kindi (800-866): Es el primer gran filósofo del Islam, “el filósofo de los árabes”, ya que es el único de ese origen, y además sistematiza y estructura la fálsafa. Desciende de una tribu pre-islámica que tuvo cierta primacía, y todos sus biógrafos trazan su genealogía para señalar su patria y su familia, y con ella su importancia. Su vida se lleva a cabo en el siglo IX. Su padre tuvo trato con los califas, y desde esta posición, él intervino en el movimiento de traducción, sugiriendo o corrigiendo traducciones. Para él se tradujo expresamente la Metafísica. Su gran biblioteca despertó envidias, y fue objeto de persecución en la reacción ortodoxa. Es el primero que promueve el movimiento filosófico, ya que pensaba que la razón está por encima de la fe. Escribió unas 200 o 300 obras, de las que se conservan entre 60 y 80, sobre diversos temas, por ejemplo Sobre la filosofía primera, donde se inspira más en Proclo que en Aristóteles, y rechaza la eternidad del mundo y la concepción intelectualista de la divinidad. También conoce el pensamiento de Plotino, aunque ignora a su autor.

En su clasificación de las ciencias sí usa las obras de Aristóteles, y además lleva a cabo una ordenación de las obras del filósofo griego. Entre sus escritos encontramos: una epístola con 109 términos filosóficos, tratados pequeños de metafísica, del alma (con influencia platónica y un fragmento del Eudemo), del sueño y la visión, del arte de alejar la tristeza, y del intelecto, este último traducido dos veces en el siglo XII. Es una interpretación de los dos intelectos de que habla Aristóteles en Acerca del alma. Clasifica los libros de Aristóteles en cuatro: lógica, física, Acerca del alma y Metafísica. Pero la asimilación del pensamiento griego le planteará el problema de la concordancia entre filosofía y verdad revelada. La filosofía es la ciencia del conocimiento universal de la realidad que permite también dirigir la vida del hombre hacia el bien. Por ello, la verdad de la filosofía tiene una misión semejante a la de la verdad revelada.

 

  • ØAl-Farabi (870-950): Nació en Farab. Se traslada a Bagdad, pero se detiene en Marn para estudiar lógica. Llega a la capital del califato en torno a 900 donde enseña lógica y aprende gramática. También anduvo por lo que hoy es la frontera entre Turquía y Siria. Hacia 940 va a Alepo, al norte de Siria, dominio de un príncipe shií, que se rodeó de los hombres más cultos de su época. En 942 va al norte de Egipto donde dominan los fatimíes. Conoce el sogdiano y tres o cuatro lenguas más. Ha dejado una gran obra de teoría musical. Para sus biógrafos es el maestro segundo (detrás de Aristóteles). Varios (Avicena, Averroes, Maimónides) aprendieron filosofía con sus obras: comentarios a Aristóteles, tratados pequeños, una epístola con los sentidos del término “intelecto”, y los tratados filosófico-políticos, que intenta justificar por medio de la razón.

Trató de mostrar que las filosofías de Platón y de Aristóteles no eran contradictorias, llegando a comparar textos de ambos. En primer lugar, sus diferencias de conducta solo se deben a sus caracteres, que eran en esencia distintos. Algo parecido ocurre con sus métodos. Pero mucho más graves son los problemas para compatibilizar la teoría de las Ideas platónica con las doctrinas aristotélicas. Lo mismo ocurre con las teorías del conocimiento, la cosmología y la conducta humana. Por este y otros motivos, se cree que conocía a la perfección el pensamiento griego. Pero no logra probar de modo absoluto la concordancia entre ambos pensamientos.

Para él, el más alto grado de saber es el metafísico, ciencia que estudia el ser en tanto que ser, los principios de las ciencias y el ser que no es cuerpo ni existe en cuerpo alguno. El ser se dice según las categorías, y de aquí ha de partir el estudio de la sustancia y de los accidentes, así como de las causas y principios. El concepto fundamental de todos ellos es el de ser, que no tiene causa, ni materia, ni forma, ni comienzo ni fin, sino que es el bien puro, el pensamiento puro y el amante puro, y por ello se identifica en cierto modo con Dios.

Considerado según su esencia, Dios es inteligencia e inteligente puros, se conoce a sí mismo y se presenta como la verdad absoluta, base de todas las demás. Solo podemos tener de él una idea aproximada. Además, es la vida absoluta, y lleva a cabo la más alta actividad que puede realizar un ser vivo, esto es, la contemplación. Por esto, ha de ser el más feliz de los seres. De él emana una ley universal que configura el orden de los principios, y de este modo se produce todo cuanto existe.

Así, Al-Farabi es capaz de salvar la unidad divina frente a la multiplicidad de los seres. También le permite prescindir de la idea de un cosmos infinito. Frente a cualquier acto humano, que comprende varias fases, los actos de Dios son unitarios y creadores, porque en él pensar y hacer son la misma cosa. Así, Al-Farabi establece una distinción esencial entre ser posible y ser necesario.

  • ØAvicena (980-1137): gran sistematizador de la filosofía islámica (Al-Farabi). Lleva una vida política, por ser el médico de la corte. Escribe una autobiografía, y muchas más obras. Aprovechaba el mayor tiempo posible para escribir, y si le entraba sueño bebía vino, que alaba, pero no en exceso.

 

Su obra fundamental es La curación, que tiene cuatro partes (como casi todas sus obras): lógica, física, matemáticas y metafísica. Estas confeccionan distintas reescrituras de la misma ciencia.

También escribe los Tratados místicos.

Se cree que permaneció siempre como si’í moderado.Estudió derecho islámico y medicina. Llevó una vida viajera buscando una corte en la que servir con sus conocimientos, y pasó por varias. En su biografía se nos presenta como un hombre fuerte, trabajador incansable y escritor infatigable, aunque también amigo de las juergas nocturnas, que comenzaba al acabar su trabajo diario. Murió de una dolencia intestinal, tal vez un cáncer. Se le atribuyen alrededor de 250 obras.

  • ØAl-Gazel (década de 1150): Tiene una gran formación filosófica, científica y teológica. Es amigo del visir que crea universidades, y por ello es profesor en la universidad de Bagdad. Allí sufre una transfiguración y lo pone todo en duda. Así descubre que la vía para la verdad es la religión. Sus obras de teología serán ortodoxas. Dedicará gran parte de su vida a reunificar la ciencia religiosa. Escribe muchas obras:
    •  La destrucción de los filósofos, donde dice que la filosofía es perjudicial porque hay en ella 20 tesis rechazables y entre ellas 3 que atentan directamente contra el Islam: la eternidad del universo, la negación de que Dios conoce los particulares (porque se niega la omnipotencia divina), y la negación de la resurrección de los cuerpos (porque se niega que la parte divina que hay en el hombre retorne a Dios). Las otras tesis son solo desviaciones del Islam, pero en cualquier caso, la filosofía debe ser rechazada. Con ese fin escribió Las intenciones de los filósofos, un plagio de Avicena, para refutar a los filósofos. Al ser esta obra traducida al latín, Al-Gazel fue considerado como filósofo. Debido a este ataque, acaba la filosofía árabe en Oriente.

Dentro de la filosofía árabe en Al-Andalus encontramos los siguientes nombres (occidente):

  1. Ibn Masarra: Nació en Córdoba en 883 y murió en 931. No es propiamente un filósofo, sino un místico, un gnóstico o un esotérico, prácticamente desconocido. Introduce en Al-Andalus las doctrinas de un personaje conocido como Pseudo-Empédocles, aunque no está claro, ya que hay quien opina que nada en él puede atribuirse a las doctrinas de éste. Sus obras son:
  1. Libro de las letras, a propósito de las letras misteriosas del Corán, que trata de explicar.
  2. Libro de la reflexión, que parece una obra filosófica, donde intenta argumentar que el Corán habla de la razón. Al final dice que nadie debe seguir la línea de los filósofos. Parece que su preocupación principal es la concordancia entre el esfuerzo especulativo humano, que viene de la tierra y las verdades del mensaje revelado, que viene del cielo. Para él, Dios es una singular esencia a la que pertenece de un modo absoluto y privativo de la unicidad. Hay un velo que separa a las criaturas en ocultas y manifiestas. Las primeras son respecto de Dios lo que el espíritu para el hombre y las segundas, lo que para nosotros es el cuerpo. El mundo que habita el hombre surge de las tinieblas gracias a la super-abundancia del ser de Dios, transmitido de emanación en emanación.
  1. Ibn Hazm (994-1064): origen cordobés y estuvo en la corte de los Omeyas. Escribió mucho y de toda clase:
  1. a.     Historia de las madres de los califas, sobre derecho, poesía, literatura, historia, el amor y filosofía. Ante todo mantiene una actitud filosófica.
  2. b.      El collar de la paloma, que es un tratado del amor y de los amantes. Da una idea del amor platónico que él ha conocido a través de su maestro, así como del amor discreto y personal.
  3. c.     Historia crítica de las religiones, expone todas las doctrinas religiosas y filosóficas que conoce.
  4. d.     Es la Aproximación a las definiciones de la lógica, en la que trata de hacer accesible el Órganon aristotélico.

 

Realiza una clasificación de las ciencias en saberes particulares de cada pueblo, generales universales y mixtos.

La revelación es posible porque la razón nos dice que no repugna el atribuir su concepto a Dios; si Dios puede hacer todo cuanto quiera, nada impide que Dios pueda manifestar a quien quiera y cuando quiera, su verdad. Por otro lado, la revelación resulta necesaria, ya que todos los hombres han de conocer lo indispensable para salvarse, y dado que la mayoría no puede conocerlo por su razón, habrá de conocerlo por la revelación.

Ibn Hazm también señala la diferencia entre esencia y existencia, y dice que en el ser creado la existencia es extrínseca a la esencia; en cambio, en Dios su esencia se identifica con su misma existencia. Los seres creados se dividen en sustancia y accidentes, y la primera sirve de soporte a los segundos, que pueden ser de varias clases. Para él, Dios y la forma separada puedan ser separadas. Pero Dios existe porque es necesario un primer motor, un orden del universo y que todo lo creado sea contingente, frente a algo que no lo sea. Todas las cosas existentes han sido creadas por Dios directa e inmediatamente. De todos los seres creados los más nobles son los ángeles.

 

  1. Avempace: Ibn Bayyà (Zaragoza, 1070-Fez, 1138): Lleva una vida de crítica a la sociedad de la época. Su obra más conocida es El régimen del solitario, escribe un comentario a la Física aristotélica. Para él, el hombre es un ser cognoscente, y pese a estar sujeto al cambio, es uno, porque el alma es independiente de los instrumentos corpóreos y los espirituales.

 

  1. Ibn Tufayl: (Guadix, ¿1110?-Marrakesh, 1185). Es médico, astrónomo, poeta, y además interviene en la corte almohade. Está muy influido por Avicena. Tampoco será conocido por los latinos (a pesar de las traducciones de Pico Della Mirandola, que no se han conservado), aunque sí por los judíos con gran fortuna. Habrá que esperar hasta 1671 para una edición de su obra en latín, la Epístola de Hayy ben Yaqzan, que es una especie de novela, en cuyo prólogo dice que va a exponer los misterios de la obra de Avicena. Poco después será traducida al holandés dos veces, una de ellas por encargo de Spinoza. Hacia 1720 ya hay tres versiones inglesas. En 1760 ya hay traducciones alemanas y rusas, y por fin en 1900 una francesa.

Uno de los temas que dejó planteados fue el de la unión del hombre con algo muy superior. Recurre al uso del mito para explicar la concordancia de la razón y la fe. Su intención fundamental es mostrar que el hombre, por los simples medios naturales y apoyado tan solo en la razón y la experiencia, puede llegar a la verdad. Pero la religión sigue siendo necesaria, a pesar de todo.

Por otro lado, hay una concordancia entre la filosofía y la religiosidad interior, ya que entre ellas no hay nada contradictorio. Donde no hay ni puede haber concordancia es con la religión formalista, externa y tradicional, ni con sus simbolismos o su tolerancia con el estatuto social vigente.

Ibn Tufayl se ha esforzado en demostrar la existencia de un principio vital, independiente del cuerpo, que se puede inferir de la experiencia natural. Con respecto al alma humana, opina que no es corpórea y además está libre de los accidentes corporales. Además, no se corrompe, es inmortal y su destino es incierto.

 

  1. Averroes: Ibn Rusd  (1126-1198). Era de origen cordobés, y además descendía del cadí de esa ciudad (era su abuelo). Se forma en la tradición islámica y su profesor de medicina será quien le introduzca en filosofía. Acudirá al norte de África para estudiar una estrella que desde Córdoba no se ve. En 1169 Ibn Tufayl lo presenta al sultán como buen conocedor de Aristóteles. Tras esto, comentará las obras del filósofo griego hasta tres veces: en la primera lleva a cabo resúmenes, epítomes o compendios. En la segunda realiza paráfrasis, coge frases del texto, comenta y opina (también llevará a cabo un comentario de la República platónica). Por último, llevará a cabo los grandes comentarios, de modelo coránico, que consisten en tomar un fragmento y comentarlo. Realizó cinco, de las obras Física, Metafísica, Acerca del alma y dos de las obras de lógica. En el mundo árabe tuvieron gran importancia. También escribe réplicas a Al-Gazel y a Avicena. Pero la importancia de Averroes no se limita a su labor de comentador, sino que resulta un pensador singular para su tiempo. Al final de su vida fue condenado y desterrado, aunque se le levantó el destierro poco antes de morir.

El punto de partida de la teología de Averroes es la aplicación del esfuerzo racional a la comprensión de la verdad revelada. Para confirmar esa revelación, Dios ha recurrido a los milagros, en especial al interno. También hay una revelación de verdades naturales, que pueden ser conocidas por la mente de algunos hombres cultivados. La aplicación de nuestra razón al conocimiento de las verdades de la fe debe realizarse por medio de la demostración apodíctica. Por otro lado, la comprensión racional de la verdad revelada no puede realizarse de un solo golpe y definitivamente, ya que, por ejemplo, un hombre aislado no podría alcanzar por sí solo esta ciencia.

Para Averroes, la metafísica es la ciencia que posee el más noble de los objetos: el ser en cuanto ser; pero también debe aplicarse a todos los géneros y a todos los entes, no del modo como lo hacen las ciencias particulares, sino en tanto que se los toma universalmente.

Por otro lado, el saber físico es la ciencia de lo concreto, pues, por ejemplo, el infinito en acto no existe. La finitud de la naturaleza es el principio de garantía de la base real de nuestro saber. Además, la naturaleza opera siempre por medio de una multiplicidad de principios, que deben ser estudiados por la física. Así, el estudio de la materia prima y del primer motor corresponde a esta ciencia. Por todo esto, el saber físico debe preceder al metafísico.

Para Averroes, los seres concretos proceden de otros que coinciden con ellos en especie y en esencia, y así, por ejemplo, el hombre nace del hombre. La materia posee la naturaleza propia del ser universal, por ser común a todos los entes materiales. El complejo proceso de actualización de los entes físicos exige una pareja complejidad en el orden causal, y ello le exige al filósofo árabe a llevar a cabo una teoría sobre las causas del cambio y el movimiento.

Para Averroes, el movimiento es la perfección del móvil en cuanto tal. Cualquier tiempo o movimiento implica un antes o un después; si nos atenemos al acto, es absolutamente imposible una magnitud ilimitada. La experiencia enseña que los entes finitos son unos causa de otros, por lo que es necesario que exista un principio. La explicación del movimiento necesita del estudio del lugar, el tiempo y el vacío. Para el pensador andalusí, el primer motor inmóvil y eterno es Dios. El primer motor es inmaterial, ya que si fuera material, debería ser cuerpo o estar en un cuerpo. Así pues, no existe una potencia material infinita en actividad motriz.

La idea que conforma el punto de partida es la de que el saber es algo connatural al hombre. Ibn Jaldun fue capaz el gran sintetizador de la filosofía anterior, aunque la mirará con desprecio. No obstante, considerará que el conocimiento sí es fundamental, y por ello son necesarios los maestros, que enseñan la realidad. Así, el saber y la enseñanza son algo natural en la humanidad. Al-Farabi en Los fines del saber repetirá esta idea, que se encontraba en el Picatrix (obra originalmente de alquimia, cuyo título es una mala lectura de Hipócrates). El fin de la alquimia en el mundo árabe es la purificación del espíritu, y uno de los alquimistas más importantes fue Geber. Esta concepción de la sabiduría dio lugar a múltiples interpretaciones de la ciencia, y a su división en clases: las ciencias naturales al hombre y las tradicionales. Las primeras son las filosóficas porque el hombre sabe de ellas a través de su propio pensamiento, mientras que las ciencias tradicionales están basadas en el mensaje del legislador. Las ciencias filosóficas son lógica, metafísica, física y matemáticas, clasificación que recuerda a Aristóteles. Para Al-Kindi, las ciencias teóricas son la física, la psicología y la metafísica. Al-Farabi en su obra El catálogo de las ciencias establece una clasificación original de las ciencias en cinco:

  1. La ciencia del lenguaje, que es la primera que el hombre debe aprender.
  2. La ciencia de la lógica, que se basa en el Órganon aristotélico al que suma la Poética y la Retórica.
  3. Las ciencias matemáticas, que serán: aritmética, geometría, astronomía, música, óptica, la ciencia de los pesos y medidas y la ciencia de la ingeniería, que además incluye la arquitectura.
  4. La física y la metafísica, como ciencias que estudian la realidad.
  5. Política, derecho islámico y teología. La política verdadera es aquella que ha sido fundada por un filósofo que también sea profeta.

También Avicena escribe tratados en los que se establecen clasificaciones de ciencias.

 

  1. Cuestiones de filosofía islámica:
  1. a.     Filosofía y religión

Entre los pensadores árabes, encontramos diversas definiciones de filosofía:

 

Al-Jwarizmi define “falsafa” en su obra Las llaves de la ciencia como la ciencia de las verdades ocultas. Además define sus partes.

Al-Kindi entiende por filosofía el conocer las cosas en su realidad, también implicaría conocer lo divino. La filosofía es un conocimiento teórico y práctico y conocerlo es algo que los enviados nos han traído de Dios. Se refiere a la filosofía en Sobre la filosofía primera como el conocimiento de las cosas en su realidad en la medida de lo posible al hombre. Cuando se conoce la verdad, se ha de actuar conforme a ella. La sabiduría más noble es la de la filosofía primera, aunque por la verdad todo se ennoblece.

La filosofía ha de utilizar un método que pruebe la significación de cada vocablo y el valor de cada afirmación. Por tanto, quien ignore la matemática y la lógica no puede dedicarse a la filosofía, pues solo la deducción puede conducirnos hasta las causas primeras. Se plantea el problema del conocimiento humano. Al-Kindi considera la ciencia matemática como la introducción metodológica en la lógica; la demostración es una medida o regla general que podemos aplicar a toda una serie de casos concretos. El conocimiento se divide en verdades anteriores e independientes de la demostración y las que conseguimos mediante esta. Para alcanzar la esencia de las cosas, partiendo de los datos sensibles, necesitamos realizar una operación intelectual especial que tiene lugar mediante la recepción de los cuatro grados del conocimiento: entendimiento en potencia, en acto, el que pasa de potencia a acto y el demostrativo. Para que el conocimiento sea posible, se necesita una realidad formal única; las formas sensibles e inteligibles se hallan de algún modo en la esencia del alma y los hombres que poseen la virtud de conocimiento superior pueden descubrirlas más fácilmente en su interior. Los accidentes materiales son los que hacen que el hombre se aleje de la verdad.

Frente al conocimiento directo aparece el saber mediato que arranca de los conocimientos adquiridos, mediante cuatro modos demostrativos: la división, la descomposición, la definición y la demostración. La virtud no será otra cosa que el conocimiento de lo universal, y la sabiduría ética será un riguroso acto de la virtud intelectual del hombre.

Avicena opina que hay un mundo de verdades al que un hombre puede llegar por la razón o por medio de la religión. La diferencia entre filosofía y religión será tan solo de metodología. Si alguien carece del conocimiento de la lógica y de las matemáticas, no podrá conocer la física ni la metafísica, ni tampoco de las ciencias humanas. Estas ciencias no alcanzan el grado de las ciencias divinas, que se conocen por la revelación. Los que no son profetas no pueden acceder a la filosofía sin recurrir a la lógica o a las matemáticas.

Avicena es el primero en señalar el doble camino, idea que será retomada por Al-Farabi, aunque matiza que la religión es algo humano, y por ello inferior a la filosofía, y posterior a ella. Hay varios métodos, el dialéctico, el lógico, el sofístico, el retórico y el poético.

Avicena escribirá la primera de las consideradas sumas escolásticas de lógica, porque no tenía tiempo para comentar el Órganon. Admite las tres figuras tradicionales de silogismos, y estudia el silogismo categórico y el condicional, cosa que Aristóteles no hizo.

Por otro lado, Avicena es rigurosamente aristotélico a la hora de ordenar los saberes en teóricos (metafísica, matemática y física) y prácticos (ética y política). El saber primero y primordial es la metafísica, porque el ser es la raíz de todas las cosas, y la metafísica es la única ciencia que se ocupa de él prescindiendo de las apariencias accidentales. Además, nos conduce a los primeros principios, y al principio de todos los principios, esto es, a Dios, y por ello también puede llamarse ciencia divina.

Para Al-Kindi la metafísica es la ciencia de la causa primera y debe estudiar el infinito y el uno; la física lo es del ser sensible móvil y del ser inteligible o inmóvil. Niega la eternidad del tiempo, porque lo ha creado el uno, que es el único absoluto per se. Es también causa primera de todas las causas. Por tanto, se puede demostrar la existencia de Dios partiendo de la existencia del mundo, de los fenómenos y del orden del universo que postulan un ser creador, ordenador y gobernador. Así, también se puede demostrar la existencia del alma partiendo del orden fisiológico y los fenómenos vitales de nuestro cuerpo. El alma será una, simple, noble y perfecta, distinta del cuerpo, y cuando lo abandone alcanzará el conocimiento absoluto. Dios ha de ser uno en esencia, porque si existiera una pluralidad de dioses, alguno tendría un elemento que no sería común a los demás, y entonces no sería absolutamente necesario. Dios, además, no es género ni entra dentro de género alguno, ni se le pueden atribuir las categorías, sino que solo podemos atribuirle cosas negativas. Así distinguimos a Dios de las criaturas, de las que sí se puede predicar en positivo.

En la filosofía árabe se da menos importancia a la física, y solo se estudiará por medio de los comentarios a la obra de Aristóteles. Esto se debe a que consideran que la metafísica ya nos concede una visión completa de toda la realidad. Pero también habrá distintas concepciones de metafísica, especialmente la de Avicena (de corte neoplatónico) y la de Averrores (de corte aristotélico), que será crítico con el primero. Avicena se inspirará en Al-Farabi para crear su metafísica, que será la primera de las tres ciencias, porque se ocupa de tres conceptos primarios a los que no puede llegarse por la experiencia: ser, cosa y necesario. Podemos igualar ser con cosa, con lo que nos quedan dos. Ser se concibe intuitivamente, ya que, independientemente de que no percibamos nada, percibimos que estamos aquí, luego lo primero que percibimos es el ser. Además, esta percepción es innata. Lo necesario ha de ser definido en relación a los términos posible e imposible: lo necesario es lo que es posible o lo que no es imposible. Es Aristóteles quien planteó originalmente estos dos términos, junto con el de contingente, en su Órganon. Avicena introduce estas categorías en la realidad del ser, y luego las traslada a la metafísica. Dado que el ser es la primera percepción, la metafísica debe ir antes que la física. Avicena eliminará la contingencia, porque la considera igual a posible y lo imposible, que es igual a no-ser, con lo que quedarán necesario y posible, como representantes del ser. Esta distinción ya había sido planteada por Al-Farabi, que opina que los seres posibles son aquellos susceptibles de pensarse sin existencia, mientras que los necesarios son aquellos cuya esencia implica su existencia. Si pensáramos estos últimos como no existentes, tendríamos una contradicción. El ser posible requiere además una causa distinta de sí para existir. Una vez que existe, por el hecho de tener existencia, será necesario, aunque esa existencia la haya logrado por medio de otro ser. Esa posibilidad, o siempre permanece, o unas veces se da y otras no. Por otro lado, Avicena distingue tres modos fundamentales del ser: el de las cosas reales, el de la representación abstracta de dichas cosas y el del signo representacional. En cuanto a los grados del ser, trata del ser per se (que identifica con la sustancia, distinta de la forma inmaterial separada, la forma material y la materia que es sustancia de orden inferior) y del ser por otro, pero también de las negaciones y las privaciones. Con esto se alude al mundo de la generación y la corrupción, y se trata de explicar el cosmos ptolemaico. El punto de partida serán los esquemas neoplatónicos, en los que la Unidad, el Uno es el principio, que se identifica con ser necesario, al que se añadirá la característica aristotélica de ser intelecto. Además, también se consideran características que se derivan de su propia naturaleza: causa primera, verdad, etc. Su única actividad es pensarse a sí mismo, y al pensarse a sí mismo se genera un primer ser, un intelecto (que se identificará con el primer motor aristotélico), de la misma naturaleza que este Uno, aunque en este nuevo ser ya está presente la multiplicidad, porque tiene dos objetos de pensamiento: sí mismo y el ser del que procede. Cuando piensa en este último genera un segundo intelecto, y al pensar en sí mismo se ve como imperfecto, como posible, y por ello genera la primera esfera. El segundo generará la segunda esfera y un tercer intelecto. Este es el esquema original de Al-Farabi, en el que Avicena introduce una distinción: como posible, el intelecto genera el cuerpo de la esfera, y como necesario genera el alma del intelecto. Habrá 9 intelectos. El noveno nous, la Luna, todavía es capaz de generar un décimo intelecto, que tiene la función de ocuparse de la Tierra, del mundo de la generación y la corrupción. El décimo intelecto será además el intelecto agente aristotélico, pero ¿de dónde sale la materia? De las esferas celestes, de la esfera de la Luna. El Uno se ve forzado a originar este universo.

Contra esta concepción de Avicena fueron los teólogos, porque se impone a Dios la voluntad, negando la libertad que se le otorga en el Corán. Al ser el Uno nous, todo este esquema se atiene a las leyes de las racionalidad, y así queda justificada la autoridad de Aristóteles.

Todo este esquema también tiene un momento de ascenso. Todos los elementos tienden a retornar, y este retorno se produce con aquella parte intelectual que hay en el hombre, el alma. Pero los teólogos objetarían que no dejan lugar para la resurrección de los cuerpos y tacharían de infiel a Avicena. Averroes es más aristotélico en su concepción de la metafísica: hay un primer motor que da lugar a múltiples motores celestes. Por ello, criticará la concepción de Avicena de la generación del primer universo a partir del décimo intelecto.

  1. b.     Estructuración del universo
  2. c.     El hombre y su mundo

 

En cuanto a la naturaleza del hombre, para Al-Farabi está dotado de cuerpo y alma, en tres clases, de las que cada una engloba a la anterior (vegetativa, sensitiva y racional). La aprehensión es propia del último grado del alma, y se produce por los sentidos internos (la imaginación, el discernimiento, el sensorio común y la memoria) y externos (los cinco tradicionales). Las funciones específicas del cuerpo están regidas por el corazón, y el principio rector de todo el organismo humano es el alma, que además es la forma del cuerpo. La parte más noble del alma está constituida por el entendimiento. Hay dos tipos, en función de lo establecido por Aristóteles en los Segundos Analíticos y la Ética nicomaquea, a saber, el especulativo, que discierne entre lo verdadero y lo falso, y el práctico, que discierne entre el bien y el mal. También distingue entre el entendimiento agente y el pasivo, y la inteligencia primera. El hombre se une con el intelecto agente por medio del esfuerzo intelectual, librándose de la materia y de los lazos corporales. Este estado es el fin más alto de la existencia humana, el más elevado conocimiento, y la mayor felicidad posible.

 

El hombre racional está destinado a vivir en sociedad. El filósofo debe imitar a Dios, y por eso ha de conocer toda la realidad, tal como Él lo hace. De esta forma, la sociedad estará regida por leyes racionales, que a la vez serán divinas. Esa imitación hay que entenderla por medio del estudio del cosmos y haciendo que la sociedad se rija por las leyes del tipo indicado. Además, esto puede compatibilizarse con el Islam viendo que el hombre está compuesto de intelecto, imaginación y sentidos.

El intelecto agente ilumina y da las formas para conocer. Además, ilumina la imaginación de algunos hombres, los profetas, que traducen en imágenes o símbolos aquellas iluminaciones, y de esa forma aparece la religión, de forma que el hombre ideal sería a la vez filósofo y hombre de religión. Así, habrá que ir adecuando la sociedad a las circunstancias. El profeta ha de ser el primer legislador de esa sociedad, y tras él deben situarse los filósofos. Esta idea es original de Al-Farabi y es matizada por Avicena introduciendo esto en la metafísica como teoría política. Avempace e Ibn Tufayl dicen que una sociedad perfecta es imposible, luego el filósofo debe retirarse. Al comentar la República, Averroes retomará la idea de Al-Farabi.

 

  1. El judaísmo y la filosofía
  2. El pensamiento judío de Oriente

 

 

 

  1. La filosofía judía de occidente

La civilización occidental es el resultado de la colaboración de las civilizaciones griega, judaica y romana. En los libros de la tradición judaica poco hay de filosófico, y por eso no hay mucho desarrollo de la filosofía judía en la antigüedad. Pero sí hay dos nombres: Aristóbulo (que comenta los libros de la Torá) y Filón de Alejandría (25 a. C.-50 d. C.), que aúna platonismo, aristotelismo, estoicismo y filosofía y religión. Muchos de sus elementos encontrarán desarrollo en el Neoplatonismo. Fue autor de muchas obras con influencias en el Cristianismo. Pero no tiene influencia en el pensamiento judío, sino que hay que esperar hasta la aparición de Islam, que además influirá al pensamiento judío notablemente. Esta falta de referencia histórica está relacionada con el hecho de que en el Judaísmo todo está basado en ella. La filosofía aparece como algo ajeno y por ello pretenderá vincularse con ella. Los primeros nombres en filosofía judía aparecen en Oriente, y son: Isaac Israeli (865-955 aprox.), que fue médico en la corte de los califas de Queiruán. Además, es un gran compilador y da impulso a los estudios filosóficos judíos con sus obras El libro de las Definiciones, El libro de los elementos, y El libro del espíritu y del alma. En ellas se produce una mezcolanza de especulaciones médicas, físicas y filosóficas. Se ve aparecer en él la influencia preponderante del neoplatonismo en su concepción emanatista del origen del mundo y en su doctrina del alma. El otro nombre es Saadía ben Josef de Fayum (892-942), que escribe un Comentario del libro Jecira y el Libro de las creencias y de las opiniones. El fin que se propone es el de constituir una filosofía propiamente judía. Para probar la existencia de Dios cree necesario demostrar primero que el mundo no es eterno, sino que comenzó con el tiempo. Además, el universo es finito, compuesto, mezclado de sustancia y de accidente, caracteres incompatibles con la eternidad. Defiende igualmente la creación ex nihilo y combate la doctrina de la emanación, así como la de el alma preexistente al cuerpo (esta ha sido creada por Dios, y resucitará el día del Juicio para ser juzgada). Dios es incorpóreo, dotado de atributos, entre los que destacan la Vida, la Potencia y la Sabiduría, que además son poseídos sin alteración de la unidad divina.

 

 

  1. a.     Ibn Gabirol: Pero los grandes nombres de la filosofía judía se dan en Occidente y son Avicebrón (Salomón Ibn Gabirol) y Moisés ben Maimón (Maimónides). Estos autores hicieron que la filosofía judía fuera conocida en el mundo latino. Se puede considerar que Avicebrón tuvo dos vidas, una latina y otra judía. Al principio se pensó que era un moro más. Su obra La fuente de la vida, que fue escrita en primitivamente en árabe, pero se conserva solo en latín y fue objeto de las condenas de 1215 (entonces fue condenado como Mauritius Hispanus). La obra olvidada muy pronto hasta el punto de que Maimónides y ben Tibbon parecen haber ignorado su existencia. Sin embargo, los filósofos escolásticos la conocen muy bien, aunque no saben con certeza si su autor es cristiano o musulmán. El marco de la obra es neoplatónico, pero la doctrina misma está profundamente influida por el espíritu judaico. Hasta 1850 no se identifica a Ibn Gabirol con Avicebrón. Nació en Málaga y descendía de una familia cordobesa. Por las revueltas que acabaron con el califato omeya se traslada a Zaragoza, y escribe un poema titulado Al salir de Al-Andalus. Seguirá formándose en la tradición judaica. Sus padres murieron cuando él aún era joven, y además su carácter se ve agriado por una enfermedad. Pronto hallará en Zaragoza un mecenas que le sufrague los estudios, pero este morirá pronto y deberá dejar la ciudad. Al salir escribirá otro poema llamado Al salir de Zaragoza, en el que se refiere en tono despectivo a la ciudad y a sus gentes. Uno de sus amigos fue Ibn Nagrella. Parece ser que Avicebrón murió joven, en 1070 en Valencia, o incluso que fue asesinado por envidia. Fue autor de más de 500 poemas, en los que se refleja el inicio de la Cábala. Destacamos el poema Corona Real, escrito al final de su vida, de tinte más filosófico. Así, podemos considerarle poeta y filósofo. Este poema está dividido en tres partes: los atributos de Dios, la cosmología de la época (todo el universo procede de la voluntad divina, que ha creado la materia y la forma), y una invocación a Dios para mostrar la insignificancia del hombre. También escribe un tratado moral de índole práctica: Libro de la corrección de los caracteres, donde expondrá todas aquellas normas de conducta que proceden de la razón humana, especialmente las éticas griega y judaica. Además, aparece la idea de hombre como cima de toda la creación. Pero su gran obra será La fuente de la vida, conservada solo en latín. Expone la idea de que a partir de la esencia primera y de su manifestación o palabra se crea el tercer elemento, que será la materia y la forma universales. Esta obra está dividida en cinco libros, más un prólogo, y está escrita en forma de diálogo entre maestro y discípulo. La composición de la obra es guiada por el hilemorfismo, en un esquema neoplatónico, pero que usa conceptos aristotélicos. La idea que subyace es la del hombre como microcosmos, y se inicia con la pregunta de por qué ha sido creado el hombre. En el mundo latino, la obra será muy leída, comentada y citada. Es un vasto diálogo filosófico, que sienta la tesis de que excepto Dios, todas las sustancias, incluso las simples, están compuestas de materia y forma. Si eso lo podemos llamar “hilemorfismo”, entonces el hilemorfismo de Avicebrón se convertirá para muchos teólogos cristianos en la forma más segura de distinguir criaturas de creador. Las sustancias simples están compuestas de una forma y una materia espiritual, que es su principio de individuación y el principio del cambio al que, a diferencia de Dios, están sometidas todas las criaturas. De esa forma, hay una esencia universal, compuesta de una forma universal y de la materia prima universal, que solo existe de suyo en potencia, pero en acto en virtud de las diversas formas de que está revestida. Lo que distingue a un cuerpo individual de otro es una o varias formas complementarias, merced a las cuales el cuerpo queda determinado. En todo ser compuesto hay “pluralidad de formas”, ya que los seres creados están encajados unos con otros, según el grado de generalidad de formas que los determinan. Así, Avicebrón distingue nueve. La cosmología de este autor se hace profundamente hebraica. Su mundo es obra de un principio que él llama la Voluntad, y que más tarde identificará con el Dios del Génesis (o mejor del Timeo). Es esta Voluntad la que retiene y fija las formas en los límites y en las extremidades donde ellas se detienen, y es por ella por lo que las formas están dispuestas y legalizadas de manera regular.

 

Otro autor importante es Yehudah Ha-Levi (o Judá Haleví, nacido en 1085), que escribirá una obra titulada Libro en defensa de la religión de los Tada (que será traducido como Libro de Cuzary por Ben Tibbon al latín). Se trata de un diálogo entre un musulmán, un cristiano, un filósofo y un judío, en el que se preconiza una apologética puramente judía.

  1. b.     Maimónides: El gran filósofo del mundo judío es Maimónides (Córdoba, 1135-El Cairo, 1204), y su obra será traducida pronto al latín. Pertenece a una familia con gran tradición en Al-Andalus, que emigra tras la invasión almohade al Norte de Marruecos, porque allí hay un gran rabino que formará a Maimónides por petición de su familia, pero será asesinado por no convertirse al Islam. Su periplo les lleva a El Cairo en 1166. Vivirá de lo que gana su hermano, que es joyero, hasta que este murió, y entonces tendrá que trabajar como jurista y médico. Pero será denunciado por realizar prácticas judías, aunque al final no le ocurriría nada. Será médico del visir y se dedicará a cuidar enfermos. Por ello, no tendrá tiempo ni de leer ni de escribir. Conservamos cuatro conjuntos de obras: comentarios y resúmenes del Abisná de la Torá (resúmenes de los 613 principios que debe cumplir todo judío, que reducirá a 13, y que serán aceptados por los judíos ortodoxos). Sus otras obras serán de medicina, astronomía y filosofía. Su celebridad se debe sobre todo a la obra Guía de los perplejos, que constituye una verdadera suma de teología escolástica judía. Efectivamente, la obra se dirigía a los espíritus ya instruidos en la filosofía y en las ciencias, pero inciertos y vacilantes todavía en cuanto a la manera de conciliar las conclusiones científicas y filosóficas con el sentido literal de la Escritura. Su inspiración es a la vez neoplatónica y aristotélica, aunque hace pasar decididamente a Aristóteles a un primer plano. Ello explica, por otra parte, la influencia indiscutible que ejerció sobre los filósofos cristianos, y especialmente sobre Tomás de Aquino. Dice Maimónides que la ciencia de la Ley y la filosofía son conocimientos de naturaleza distinta, pero que deben conciliarse: el objeto propio de la filosofía es la confirmación racional de la Ley. Por otro lado, la creación del mundo no es imposible desde el punto de vista de la razón. El filósofo judío admite que las Inteligencias puras están exentas de toda materia, y que existe una materia de los cuerpos celestes diferente de la materia de los terrestres. Se reconoce la existencia de diez Inteligencias, de las cuales nueve presiden las nueve esferas, y la décima es el Intelecto agente. Por debajo se encuentra el mundo sublunar, que es el lugar de los cuatro elementos. El hombre es un compuesto de cuerpo y alma (que es la forma del cuerpo) y está dotado de cinco facultades: nutritiva, sensitiva, imaginativa, apetitiva e intelectiva. Se encuentra la influencia del Intelecto agente. Cada hombre adquiere de esta manera una especie de capital intelectual, variable según el grado de sus méritos, y que se reúne con el Intelecto agente tras la muerte. Así, de cada uno de nosotros depende el salvar lo más posible de sí mismo. El mundo no es eterno, sino creado por Dios, pero esta tesis no se puede demostrar con rigor. Maimónides prueba, sin embargo la existencia de Dios por la necesidad de admitir un primer motor para dar cuenta de la existencia del movimiento, por la existencia de un ser necesario y por la existencia de una causa primera. Pero lo único que podemos afirmar de Dios son atributos negativos, aunque sabemos que Dios es causa eficiente y final del mundo. El mal que puede haber en el mundo se explica, o bien por la limitación inherente al estado de criatura, o bien por los desórdenes de la criatura misma, que es, a menudo, autora responsable de sus propios males.
  1. LA FILOSOFÍA DEL SIGLO XII
  • La nueva concepción de naturaleza

 

            El gótico trata de volver a las formas naturales y por eso trata de eliminar todo el simbolismo. También se olvida de la geometría.

La naturaleza pasará a ser considerada como reflejo de la realidad que existe. La matemática es lo que deberá explicarla, tal como concebirán algunos autores. Se irán reconociendo las capacidades del hombre para describir la naturaleza poco a poco. Se hacen conscientes lo que dice Aristóteles en la Física sobre que basta con mirar la naturaleza para descubrirla. En esta concepción jugará un papel muy importante la Escuela de Chartres, que será el centro intelectual de mayor vida.

 

  • La escuela de Chartres

 

Escuela impulsada por el obispo Fulberto de esta ciudad. Él muere en 1028, y seguirá con su labor el obispo Ivo. Se producirá un estudio y una recuperación del Timeo. Conocen las obras científicas árabes en las traducciones de Constantino el Africano. Tratarán de establecer una analogía entre el cuerpo humano, considerado como microcosmos y el universo, tomado como macrocosmos. Las características de este movimiento son:

-Defensa de la razón sobre la autoridad.

-Reconocimiento de la causalidad de la naturaleza.

-Estudio e importancia de lo humano.

-Gran capacidad de creación en la experimentación (y de manipulación de la naturaleza).

Por esta última razón, el interés se desplaza de Dios al universo, al cosmos, considerado como “natura” o “physis”. El mundo de las Ideas platónico será el Noys. Dios pasará a ser el “opifex” (artífice) de todo, el creador de la materia. El “nous” será el ordenador de la materia, y la “natura” será el resultado de la acción conjunta de Dios y del nous. La naturaleza será una ordenada creación de elementos. Ya no será la voluntad divina la que explica la propia realidad. Se reconocen causas naturales y estas constituirán una teoría de las causas.

Para Hugo de San Víctor era obra de la naturaleza sacar lo que había de oculto en ella (Didaskalikon). En esta línea se sitúa Adelardo de Bath. La naturaleza será tomada como materia prima. La materia constituye el sustrato del devenir de los elementos y contiene propiedades matemáticas.

 

Los autores que han contribuido al desarrollo de la naturaleza desde esta escuela son:

 

Thierry de Chartres, que fue maestro hacia 1121 en la Escuela, de la que más tarde sería canciller hasta su muerte (antes de 1155). Antes había sido maestro en París de 1134 a 1141. Su obra más importante es el Heptateucon, donde expone siete artes liberales para el engrandecimiento de la gran nación de filósofos. También es una antología de los textos y manuales en que se fundaban estas artes. El Trivium será introductorio al Quadrivium, que contiene las doctrinas verdaderamente interesantes. Para él la filosofía es la “sapientia” que tiene como finalidad comprender la realidad tal como es, y esto es posible porque está regida por principios. El fin al que debe tender este saber es conocer las causas de las cosas, esto es, a la ciencia. Dentro de esta búsqueda se halla la teología (en el sentido de Boecio), como conocimiento de lo divino, de la primera causa, que será la causa de todas las demás. En esta obra trata de explicar la creación de universo desde el Timeo. Para explicar el relato del Génesis, Thierry recurre a la aritmética pitagórica. También parecen interesarle los temas cosmogónicos. Opina que el universo es cuantificable y mensurable, luego el conocimiento de la realidad ha de llevarse a cabo por medio de la razón, que ha de fundarse en las reglas de la lógica o la dialéctica y de la matemática. El comienzo del libro del Génesis plantea dos cuestiones, la de las causas del universo y la del orden de los días de la creación. Las causas serán las cuatro aristotélicas: eficiente (Dios), formal (sabiduría divina), final (benevolencia divina) y material (los cuatro elementos). Dios ha creado la materia en el primer instante de la creación, y después del sexto día, ningún ser ha sido creado, sino solo producido. Su explicación posee un notable carácter mecanicista. Por otro lado, considera que para comprender el Génesis, la teología necesita el Quadrivium, conjunto de ciencias que tienen como elemento común la unidad. Tomada en sí misma, la unidad es estable, inmutable, eterna, frente al número, que es variable y mudable. La creación es por tanto el ámbito del número. Llegar hasta la unidad es elevarse de la criatura al creador. Así, Dios es forma de todo lo que existe. La unidad es condición de la conservación de los seres, mientras que su descomposición en partes múltiples es la señal de su destrucción. También constituye la verdad. Ahora bien, de lo uno no puede proceder más que lo uno, que a su vez es superior al ser.

Adelardo de Bath (Bath, 1080, m. h. 1150). Sabemos muy poco de su vida, aunque sí que estuvo en Francia y en Sicilia. Por el contrario, no sabemos con seguridad si estuvo en Oriente. Escribe varias obras, entre las que destacamos Sobre lo idéntico y lo diferente, escrita en prosa y verso, y dedicada al obispo Guillermo de Siracusa, y en la que establece un diálogo con un sobrino suyo, llamado Nepo, del que no sabemos si existió o no. El diálogo está concebido como uno entre Filosofia (lo idéntico) y Filocosmia (lo diferente). Usa muchas teorías del Timeo. El personaje de Filosofia trata de buscar la unidad en la multiplicidad: toda multiplicación puede ser probada mediante una división y viceversa. Así, tratará de buscar la unidad en la naturaleza. La otra obra que destacamos es Cuestiones naturales, que tratará sobre 77 de ellas, en las que se tratan asuntos relacionados con plantas y animales, el hombre y los elementos, y cosmología celeste (realidad superior). La obra está guiada por el uso continuo de la “ratio”, y allí donde esta no pueda llegar, entrará en juego la “opinio”, pero nunca la autoridad. Este autor es pionero en la recuperación de la razón frente al saber, que le llevará a romper con el horizonte cultural anterior. Define el género y la especie como los nombres de las cosas contenidas en ellos.

Guillermo de Conches: (1080 – 1145) Es discípulo de Bernardo de Chartres, y un gran humanista. Fue profesor en Chartres. Fue gramático culto, platonizante en filosofía. Escribe una obra titulada Philosophia Mundi, que es una enciclopedia filosófica y científica, y glosas y comentarios a Platón y a Boecio. Su idea es que en todas las cosas ha de buscarse la causa, incluso en el Génesis. Afirma que las tres partes del Trivium constituyen la elocuencia y las del Quadrivium pertenecen a la sabiduría. El conocimiento de lo real es la obra del espíritu humano, cuya “razón” tiene por objeto lo corpóreo, y cuya “inteligencia” tiene por objeto lo incorpóreo. La sabiduría de Dios es causa formal del mundo y su bondad es causa de su existencia.

Hermann de Carinthia: desconocemos su fecha de nacimiento y de muerte, pero sí sabemos que el momento cumbre de su vida es en 1143. Es traductor de árabe y firma con el seudónimo de Hermann Secundus para distinguirse de Hermann Contractus. Su obra clave es Sobre las esencias, donde expondrá el sistema de la ciencia, de las artes del Quadrivium, regidas por la diosa Minerva. También llama la atención sobre el valor de las ciencias árabes, por ejemplo la astronomía, y ello le lleva a reducir el Quadrivium a dos ciencias: matemática (para conocer el universo cuantitativamente) y física (para conocer el universo cualitativamente), todo ello regido por la razón. Este autor no da el nombre de Dios a la causa primera.

-Bernardo Silvestre: (¿? – 1169) Se conoce como Silvestre por llamarle “silva” a la materia. Su formación es clásica y usa nombres mitológicos que hoy conocemos poco. Parece que fue obispo de Tours (por lo que también es conocido con ese nombre) y comenta la Eneida  de Virgilio. Su obra lleva por título Sobre la totalidad del mundo o sobre el megacosmos y el microcosmos, y en ella se producen juicios críticos y aparentemente contradictorios. Se trata de una obra compuesta de partes en dísticos elegíacos que alternan con explicaciones en prosa. Pero a la vez muestra a un gran humanista conocedor del latín clásico. Trata de explicar el origen de ambos universos desde el punto de vista de un neoplatónico (del Neoplatonismo de Proclo y Boecio, entre otros). Tiene interés por llevar el uso de la razón hasta los límites del universo.

-Alain de Lille: Se cree que es de origen flamenco. Es teólogo, autor de escritos polémicos, poeta y estudioso de la física. Cree que hay que usar el método matemático para explicar la realidad. Escribe una alegoría contra Claudano, quien opinaba que el hombre ha de desaparecer, y que lleva por título Anticlaudanus (1182/3). La diosa Natura es quien crea al hombre perfecto, pero llama a sus numerosas hermanas para que le ayuden. Así, la batalla nunca estará ganada porque el hombre siempre está en lucha contra los vicios.

Toda esta visión de la naturaleza impone la idea de que Natura está regida por unas leyes a las que el hombre no puede escapar, y entonces aparece el dilema de la libertad humana. Aquí es donde intervendrán la magia y la alquimia, que se creía que liberaban al hombre de la esclavitud. Estarán regidas por la astrología, la ciencia que estudia las relaciones entre el mundo superior y el inferior. Esto permitirá salvar la libertad del hombre, porque estas leyes que estudian lo oculto de la naturaleza son las que harán que se la pueda manipular. Así, se irán traduciendo libros de magia procedentes del mundo árabe.

 

  • Humanismo y platonismo

Hay una recuperación del humanismo.

Juan de Salisbury señala a Bernardo de Chartres como su principal impulsor. El obispo iba comentando los textos para aprender de ellos y era un profesor y gramático notable, posiblemente, el más cumplido de los platónicos de su tiempo. Todas las palabras derivadas significan, de manera primera y principal, lo que significan sus raíces, pero con relaciones diferentes. Con respecto a las Ideas, los estoicos creían que ellas y la materia eran coeternas a Dios; los epicúreos las eliminaban por completo al negar la providencia, mientras que Bernardo mantiene ambas, pero se niega a presentarlas como coeternas con Dios. La Idea alcanza este grado de igualdad con Dios, ya que su naturaleza es en cierto modo posterior a él. Por otro lado, los individuos están muy alejados de la estabilidad de las Ideas para merecer que se les designe por medio de sustantivos. Pensaba que era necesario conocer lo que los antiguos habían opinado, pues si no se sería ignorante. El platonismo de Bernardo procedía de muchas fuentes, en algunos casos distintas a las obras de Platón, por ejemplo, de Séneca, Boecio, Dionisio o Erígena. Es el responsable de que la lógica penetrara en la enseñanza de la gramática. Más adelante, esto ocasionará la decadencia del interés por la cultura clásica y el surgimiento de una ciencia nueva, la gramática especulativa o filosófica. Todo esto es el germen del humanismo del siglo XII.

En esta tarea destaca Juan de Salisbury, ya que tal vez sea el mejor representante del humanismo en este siglo. Nace en Inglaterra en 1115 y muere en 1180 siendo obispo de Chartres en esta ciudad. Tal vez estudió con Pedro Abelardo en París, y luego con Guillermo de Conches y Gilberto Porreta. Es en Canterbury donde conocerá a Thomas Becket (muerto en 1170), que era canciller del reino y amigo personal de Enrique II. Cuando fue nombrado arzobispo de Canterbury, se propone acabar con la vida contraria a la iglesia que llevaba el rey, y por ello este último le asesina. Antes de su muerte pidió a Juan de Salisbury una obra en que se planteara las relaciones entre la vida terrenal y la celestial. El resultado fue el Policraticus, que llevaba por subtítulo “sobre las normas que se dan en las cortes sobre la huella de los filósofos”. En ella se recupera la idea platónica del filósofo gobernante. El poder temporal no está obligado a cumplir el consejo del poder eclesiástico, aunque sí a escucharlo. Tarea del príncipe es administrar la ley que ha sido previamente aceptada por el pueblo. Las cualidades del príncipe son adquiridas en función de su formación, y debe obrar siempre buscando la igualdad. También debe dejarse aconsejar por los hombres sabios.

Otra obra, el Metalogicum es un escrito destinado a señalar la importancia de la razón para adquirir el saber. Se expone una teoría del conocimiento, y se recupera al hombre como tal, así como el desarrollo de sus facultades. Se identificará alma con razón, y se dirá que de todas las manifestaciones, la más importante es la palabra, con la que se crea la cultura. Así, razón y palabra quedarán configuradas como las dos caras de la misma moneda. Por ello, no hubiera consentido (como hacía Guillermo de Conches) en distinguir la sabiduría de la elocuencia. Por otro lado, sería absurdo dudar de todo, ya que podemos sacar conocimientos ciertos de tres fuentes diferentes: sentidos, razón y fe. Pero tampoco está mal tratar de ser modestos en nuestras apreciaciones, y aceptar que todo tiene su probabilidad. Por esto, es necesario dudar en todas las materias en que ni los sentidos ni la razón, ni la fe nos ofrezcan certeza irrefutable. Pero no podemos quedarnos ahí, porque la ignorancia termina por hacer dogmática a la filosofía. Por otro lado, el problema de los universales es el tipo de problema irresoluble para Juan de Salisbury, ya que, en realidad ignoramos la manera de ser o el modo de existir de los universales, aunque sí podemos saber de qué manera los adquirimos. La doctrina aristotélica de la abstracción resuelve este segundo problema. Efectivamente, si consideramos la semejanza sustancial de individuos numéricamente diferentes, obtendremos la especie; si examinamos después la semejanza entre ellas, tendremos el género. Por consiguiente, alcanzamos los universales despojando, mediante el pensamiento, a las sustancias de las formas y de sus accidentes.

 

  • Introducción general al problema de los universales
    • Planteamiento teórico

 

Así va apareciendo la vinculación entre razón, lenguaje y ontología, y con ella el gran problema filosófico del siglo XII (o de la historia de la filosofía, tal como consideran Marcuse o Quine): el problema de los universales. Pedro Abelardo es el primer gran nombre de la filosofía francesa, recuperada en la modernidad por Victor Cousin. El gran problema que se presenta en sus obras es el de los universales. Este problema tiene que ver con lenguaje y con ontología, porque las palabras contienen significados, luego habrá que apelar a la teoría del conocimiento. Los teólogos también contribuirán al problema. Sin embargo, es un problema que solo estará candente desde 1070 (o 1075) hasta 1150, aproximadamente, cuando pasará a ser un problema más.

La pregunta que se plantea es: ¿a qué realidad apuntan palabras como amor o filosofía? Hay palabras como hombre que tampoco tienen realidad (Porfirio). Otro problema es cómo una sola palabra puede aplicarse a muchas cosas. La solución aristotélica es que la realidad está en las cosas individuales, y que Dios existe sin universales. Esto fue planteado por Porfirio en su Isagoge. Sus respuestas son que los universales pueden ser realidades subsistentes, y por ello pueden ser corpóreos o incorpóreos. Pero estas ¿están en las cosas o fuera de ellas? Si no fueran realidades, serán concepciones del entendimiento, esto es, conceptos. Entonces, los universales son o cosas o conceptos. El concepto se expresa en una palabra, y tal vez ese sea un callejón sin salida.

 

  • La respuesta histórica y fases del problema:
  • Porfirio
  • Boecio:

 

Boecio comentará la Isagoge, y vuelve al problema. A pesar de que anticipa la dificultad, también tratará de solucionarla. Así, encontramos en Boecio tres soluciones posibles:

  1. En la línea aristotélica, se afirma la existencia de lo universal por medio de la realidad. Si el universal es una realidad, tendrá que ser una realidad individual. Como universal no hay una realidad para “hombre”, y entonces hay que suponer que es un concepto. Pero todos los conceptos apuntan a realidades, aunque dado que para este concepto no la hay, parece que para este universal tampoco habrá realidad. Boecio argumentará en base a la teoría del conocimiento aristotélica: la formación de ideas, de conceptos, se lleva a cabo a través de la composición de otros conceptos, proceso que puede dar lugar a conceptos ficticios, y a través de la abstracción, de la separación de lo que está unido en la realidad, por ejemplo, de las formas geométricas. Se separa la semejanza entre muchos individuos, y eso es el universal, luego son formaciones en la mente, pero que tienen una cierta realidad en las cosas. Entonces los universales subsisten en la mente, pero forman parte de la realidad.
  2. Los universales “in re”, que existen en la cosa. En el comentario a las Categorías, dice Boecio que esta obra versa sobre palabras, y por ello se sugiere que los universales que tienen que ver con las categorías son meras palabras (nominalismo).
  3. La solución platónica, que describe Boecio en La consolación de la filosofía. Dará lugar al realismo exagerado, que afirma que las ideas tienen realidades independientes.

 

  • Soluciones realistas y soluciones no realistas anteriores al siglo XII
  • La posición nominalista de Roscelino de Compiégne: el universal como flatus vocis

 

Hay un personaje que vincula el problema de los universales con el de la trinidad. Es Roscelino de Compiègne. Sabemos muy poco de su vida, y solo a través de Abelardo y Anselmo de Canterbury. Murió en torno a 1125. Piensa que el universal no es más que una emisión de voz, y que lo único que hay son individuos. Pero aparece el problema de la trinidad, ya que o bien Dios es uno, y con el hijo se han encarnado el padre y el espíritu santo, o bien es tres dioses. Esto le hace caer en la cuenta de que el problema de los universales realmente es un problema, y él considera que de lenguaje. Lo único que hay son realidades individuales, y es el primero que ha reconocido la individualidad de la realidad y por ello es un representante del nominalismo. Anselmo de Canterbury está en la línea platónica, pero la respuesta la dará Guillermo de Champeaux, que dice que el universal existe realmente y que el individuo es una instancia de este.

 

Gilberto Porreta (1080 aprox.-1154) es el gran metafísico del siglo XII, y el más poderoso espíritu especulativo de ese siglo, junto con Abelardo. Fue discípulo de Bernardo de Chartres, y le sucedió como canciller de las escuelas de Chartres. Comenta a Boecio, y fue maestro en Chartres. También enseñó en París en 1141. Su pensamiento es muy oscuro, y por eso solo se estudió a partir del siglo XX. La Edad Media le ha atribuido tradicionalmente el tratado De sex principiis, también conocido como Liber sex principiorum. Constituye una interpretación metafísica de las Categorías aristotélicas. Frente a las diez categorías que postula el filósofo griego, Gilberto afirma que la sustancia no es en el mismo sentido que el lugar o el tiempo, y que por eso no puede meterse en el mismo saco. Así, propone otra clasificación de las categorías. Por un lado estarían sustancia, cantidad, cualidad y relación y por otro las otras seis a las que alude en el título de su obra (lugar, tiempo, situación, hábito, acción y pasión). Todas ellas son las “formas”, y el primer grupo es llamado “formas inherentes” y el segundo “formas accesorias”. Pero vinculando de este modo la relación con la sustancia, Gilberto iniciaba una controversia que no tendría fin en la Edad Media: ¿es la relación un ser real o solo un ser de razón? Para él, todas las sustancias serán subsistencias porque no necesitan de sus accidentes para existir. Los géneros y las especies son subsistencias, pero no sustancias, porque no son soportes reales de ninguna otra cosa. La sustancia es simple en todos los casos. Cada individuo está determinado por una subsistencia genérica, una subsistencia específica y sus propiedades sustanciales. Pero la razón humana es capaz de considerar separada y abstractamente lo que está unido en la realidad. Su idea fundamental es que la filosofía exige una gran preparación moral, y que no todo hombre puede estar dispuesto a ella. Su solución al problema de los universales está en la línea del realismo, la llamada teoría de la conformidad. Atribuye la universalidad a las formas nativas, que son inherentes a las cosas creadas. Es una idea cercana al realismo de Aristóteles. De la conformidad que hay ente varios individuos de una misma especie aparece el universal. No está el universal en la mente de Dios, sino en la mente del hombre. Dios es la realidad esencial por excelencia, y todo lo que existe recibe de él su esencia. Nada de lo que Dios crea es el ser puro y simple, sino un cierto género de ser. Por eso, todo lo creado es compuesto, y es posible descomponerlo en ser y lo que es. El ser de una cosa es aquello que la hace ser lo que es. La esencia es “aquello por lo cual” la sustancia es. Toda realidad creada merece plenamente el apelativo de concreta, porque es una concreción de formas diversas, imbricadas en una sustancia cuyo ser mismo es la esencia genérica que la hace subsistir.

 

  • El realismo de Guillermo de Champeaux.
  • Pedro Abelardo

 

Otro pensador en este siglo constituye su figura más importante, aunque sus obras no serán descubiertas hasta el siglo XIX. Es Pedro Abelardo, cuya vida está rodeada por la leyenda. Representa la lucha entre el hombre innovador, racional, frente a Bernardo de Claraval, que representa la tradición. Escribió una autobiografía, Carta de consuelo a mi amigo, aunque es más conocida con el título de Historia de mis calamidades. Se ha dicho que es una meditación para librarse de la tradición. Este pensador nace en Le Pallet, cerca de Nantes. Era primogénito de una familia de muchos hermanos, pero renuncia a la carrera militar y con ella a sus derechos, para dedicarse a las letras. Así, se traslada a la primera de las escuelas en las que estará, la de Roscelino, en 1094. Tras unos años va a París, a la escuela de Guillermo de Champeaux, que en aquel momento era el hombre más sabio. Pero debido a su difícil carácter, Abelardo se enfrentará a este maestro y a varios condiscípulos, y decide abrir su propia escuela en Melun (1102). Así, comenzará a generar envidias. Luego se traslada a Corbeil a abrir otra escuela, con la intención de dar que hablar. La docencia le provocó tal estrés que tuvo que retirarse a descansar, para luego volver a París con su antiguo maestro Guillermo de Champeaux, quien ha cambiado su opinión con respecto al problema de los universales. Pero vuelven a enfrentarse y decide volver a Melun en 1110. En ese momento ya se siente con fuerzas para abrir una escuela. Comenzaron a llegar alumnos, hasta 2500, cifra que constituye el triunfo sobre su maestro. Pero por otro lado, en ese momento no consigue convencer a sus padres de que no inicien la carrera eclesiástica. Ello le lleva a estudiar teología, y se traslada a Laon a estudiar con Anselmo de Laon. Pronto comienza a destacar porque cree que hay que introducir la dialéctica en la teología. Desafía a Anselmo para leer a Ezequiel, y con ello se gana su enemistad, y además le prohíben dar lecciones. Vuelve a París en 1114, y en su escuela enseñará teología además de dialéctica. Tiene tal fama, que un canónigo de Notre-Dame, Fulberto, le llama para que sea el preceptor de su sobrina Eloísa, y comienza a darle clase. Pero se enamoran y tienen un hijo, Astrolabio. El tío de Eloísa les pide que se casen, pero el casamiento haría que Abelardo tuviera que dejar las clases porque perdería el permiso. Al final se casarán en secreto, aunque esto no convencerá a Fulberto, y por ello Abelardo será castrado. Ya no se puede consumar el matrimonio, y Eloísa se mete a monja, y él a monje en la abadía de Saint-Dénis. A ese monasterio acudirán sus alumnos, y allí compone la obra De unitate et trinitate divina, por la que será denunciado por hereje y encerrado en una abadía. Algunos de sus amigos acuden al legado Conan y consiguen que le perdonen. Tras volver a Saint-Dénis y no ser aceptado, se retira a Troyes. Pero los discípulos acuden a él, con lo que debe abrir escuela. Pero también acuden sus enemigos, junto con Bernardo de Claraval, que hace que lo alejen al monasterio de Saint Tildas de Rhuys. Allí, Abelardo trata de imponer una disciplina, y los monjes se sublevan contra él, tratando de envenenarlo. Vuelve a París y vuelve a redactar su obra de teología, aunque también esta es denunciada y condenada en el concilio de Sens (1140). Es encerrado en el monasterio de Cluny, donde es recibido por Pedro el Venerable. Morirá el 21 de abril de 1141. Eloísa pedirá que se le entreguen sus restos, y tras su muerte en 1163 serán enterrados juntos.

Su obra es doble, teológica y filosófica. Ha dejado escritas cuatro grupos de obras:

  1. Cartas o epístolas, por ejemplo a Eloísa.
  2. Obras de lógica, divididas a su vez en tres grupos: Glosas literales, explicaciones a Aristóteles, Boecio y Porfirio. Glosas, donde comenta las mismas obras, pero esta vez con su impronta personal. Logica ingredientibus, “para los que empiezan”, escrita de 1113 a 1120, y a partir de ese año, en una nueva redacción.
  3. Obras teológicas, divididas a su vez en dos grupos: De unitate et trinitate divina, Theologia Christiana y Theologia Scolarium, que son tres redacciones de una sola obra, y Sí o no (Sic et non), que es una recopilación de los padres de la iglesia a favor o en contra de una tesis. En esta obra sienta el principio de que no se deben utilizar arbitrariamente las autoridades en materia de teología.
  4. Obras de ética: Etica seu scito te ipsum y Diálogo entre un filósofo, un judío y un cristiano, que está incompleta. Es una obra que inaugura una tradición. El filósofo del que habla podría ser Avempace.

Para Abelardo, la lógica formará parte de las artes del lenguaje, que a su vez pasará a formar parte de las cuestiones más importantes. El fundamento está en las obras de Quintiliano, Horacio y Prisciliano. Abelardo aborda el problema de la filosofía, la física, la ética y la dialéctica (la lógica). Se centrará sobre todo en esta última, y para él será lógica del lenguaje, análisis del contenido de los términos de conciencia. Es un estudio de las propiedades y relaciones del lenguaje: reflexiona sobre la gramática, comenta a Aristóteles y a Porfirio, que antes de él se habían ocupado de estos temas, se ocupa de las seis palabras (al igual que Boecio), y de la significación del nombre. En este contexto hay que entender su teoría de los universales, con la que trazará un esquema de la lógica que tendrá mucha influencia. El problema se lo plantea como ¿qué es un universal?, siguiendo a Porfirio y a Boecio. Pero lejos de dejarse llevar por las tendencias platónicas de este último, las desvía conscientemente hacia el sentido de lo que Abelardo cree que es el verdadero pensamiento de Aristóteles (aunque siempre es el suyo propio). El modo en que Boecio resuelve el problema de los universales no satisface a Abelardo. Opina que considerados en sí mismos, los universales son meros objetos del pensamiento, pero subsisten realmente en los individuos, habiendo sido corporeizados y sensibilizados por los accidentes. Pero tal solución es inaceptable porque va en contra de la física.

Comienza señalando la postura de Aristóteles: universal es algo que se predica de muchos y singular es aquello que se predica de uno solo. En base a esto, universal es algo que se puede atribuir a palabras y a cosas. Abelardo va analizando aquellas opiniones que dicen que universal es una cosa: habría un universal, la cosa, a la que se le añaden accidentes, que determinan lo singular. La no-diferencia es lo que distingue a unas esencias de otras, opinión que Abelardo rechaza. Solo queda atribuir el universal a las palabras, lo que llevaría a concluir que el universal se da en el lenguaje. Analizándolo vemos que hay nombres comunes (que designan varias realidades) y nombres propios (que designan una realidad). La universalidad de los nombres comunes no puede consistir en la misma palabra, porque si no, se caería en un nominalismo. Ha de poder aplicarse a todas aquellas palabras (signos, que se predican de muchos) que aluden a una realidad. Pero ¿dónde se encuentra esa realidad? En la intencionalidad de la palabra. Esa tendencia nos lleva a descubrir en las cosas la unidad que se predica de muchos. Hay que referirse a la causa común, que es a lo que tienden las palabras cuando se refieren a las cosas, a los universales. Así, Abelardo trata de justificar esa universalidad sin acudir a una ontología. Para ello, apunta a la causa común, el status (estatus o estado), que se da en la cosa. Para explicarlo, ha de apelar a nuestro modo de conocerlo, de percibirlo. La causa común es aquello a lo que convienen muchas cosas, aunque no es una realidad, sino el status, una forma de estar en la naturaleza, la conveniencia en un estado. Es la estructura que está en las cosas pero no es cosa. También puede considerarse como “las cosas mismas constituidas en tales o cuales naturalezas”. Así, la solución de Abelardo no es ni realismo ni nominalismo. Pero ¿cómo llegamos a conocer esa estructura? Por abstracción. Entonces el concepto universal apunta a ese significado subyacente a los nombres universales. Esto le lleva a afirmar que las cosas tienen dos modos de ser: esta elaboración dará lugar a una verdadera filosofía del lenguaje, que será muy estudiada por la filosofía analítica. Para Abelardo se da una relación entre pensamiento y realidad. De este hecho, se derivan importantes consecuencias epistemológicas. Los únicos conocimientos precisos y que versan sobre objetos reales son, al menos para el hombre, los de los seres particulares. En todos los casos de este género hay “intelección” propiamente dicha; por el contrario, cuando pensamos en lo general, nos encontramos en la vaguedad y ya solo podemos dar una opinión, cosa que confirma la experiencia. Por otro lado, solo hay opinión acerca de lo universal y solo hay ciencia acerca de lo particular. Por todo esto, Abelardo concluirá que los universales no son más que “el sentido de los nombres”, y se llega a él por abstracción. El entendimiento no se engaña al pensar separadamente, bien la forma, bien la materia; se engañaría, por el contrario, si pensase que, ya la materia, ya la forma, existen separadamente. El conocimiento consiste en afirmar como existiendo unido lo que existe unido.

Por otra parte, Abelardo contribuye a la teología, ya que la estudia y la enseña. Aquí es donde creará más problemas en la época, porque dice que es posible entender la doctrina sacra. Define la fe como una cierta consideración de las cosas que no se ven, que no aparecen. Es malinterpretado por Bernardo de Claraval porque se creyó que defendía que la fe es mera opinión. Trata de aplicar la dialéctica a la teología y convertirla en su método (Sí o no). Él dice que ha reunido esas opiniones aparentemente contradictorias para suscitar problemas y despertar en los espíritus el afán de resolverlos. Para ello, hay que servirse de la dialéctica.

  • La universidad de los nombres
  • La moral de la intención

 

El otro ámbito en que introduce una gran novedad es en la ética. En el siglo XII nace la conciencia individual y esta provocará un cambio hasta en los manuales de confesores. Así, el individuo será considerado como sujeto de acto, de acciones y de pasiones. El individuo se descubrirá como formando parte de una comunidad. Se recupera el concepto de ciudadano, como un ser autónomo, independiente, con derechos y deberes. Este problema venía desde Boecio. En el siglo XIII se formulará la idea de “individuo vago”, en el sentido de indefinido, subsistente por sí mismo e independiente de los demás. También aparece el problema del individuo en relación con la persona: es indivisible, intransferible, racional (luego no se considerarán personas aquellas unidades que carezcan de racionalidad). Su acción depende de él y solo de él. El vicio es una inclinación a consentir en lo que no conviene, o sea, a no hacer lo que debe hacerse o a hacer lo que no debe hacerse. En esto consiste el pecado. Obrar bien es obrar con intención de respetar la voluntad divina.

Hasta el siglo XII, el problema del individuo no afectará a la ética, puesto que los libros sagrados ya marcaban el modo de comportamiento. Abelardo, movido por la reflexión de Anselmo de Canterbury, planteará de otra manera el problema de la ética. Para él, lo que caracteriza al hombre es la racionalidad, que permitirá afirmar esa subjetividad que le caracteriza. Va a formular los principios de una nueva teoría ética, los conceptos morales y su relación con la deliberación humana. Las normas morales han de proceder de la propia naturaleza humana, luego estás serán intrínsecas. Tendrán que ver con sus actos, sus costumbres, e inclinarán a obrar bien o mal. Pero si esto es así, habrá que conocerse a uno mismo para otorgarse normas correctamente. Pero estos actos ¿son buenos o malos? ¿Quién determina su moralidad? Para Abelardo, los actos humanos son indiferentes, y lo que los convierte en morales es la intención con que se lleven a cabo. Así, se establece una moral de la intención. Para llegar a esto, trata de sustraerse al ambiente en el que él se mueve. Por tanto, la nueva moralidad descansa en el subjetivismo. Pero una intención de suyo buena puede producir una obra mala de suyo o a la inversa. Además, para obrar bien no solo se requiere que lo que se hace sea agradable a Dios, sino también que lo que se hace sea precisamente lo que Dios quiere que se haga. Por otra parte, nadie es justo sin la fe. Es este el primer intento de establecer una moral de la persona, independientemente de la naturaleza.


[1] Renacimiento, punto de encuentro entre 2 tradiciones culturales (cultura clásica , latina y greco-árabe, y el mundo islámico)

[2] Autor de himnos y poemas, destaca el himno de S. Juan Bautista., de ahí se toma el nombre de las notas musicales tal y como hoy las conocemos. Compuestas en el siglo VIII.

[3] Dos tipos: monjes canónigos pertenecientes a la iglesia y los letrados no pertenecientes a la misma, son médicos, arquitectos, hombres de letras…

[4] <<cuando el cabrón bebe dice lo que no debe, cuando ha bebido a gusto habla más de lo justo…>>

[5] La teología también participa de ella. Es una argumentación racional del estudio y objeto de Dios. las principales ideas cristianas pueden ser expresadas por la filosofía y su método dialéctico. Es empleado por Pedro Abelardo. Hay críticas de algunos hombres de la iglesia por lo que se produce una escisión: la teoría mística (tradicional) y la teoría escolástica (infinita la argumentación racional en el estudio de lo divino).

[6] <<del desacuerdo que parece existir entre los padres (…) surge la quesito>> (Pedro Abelardo). <<consta de la afirmación y su negación contradictoria (…) ambas con visos de certeza y veracidad>> (Gilberto Porreta).

[7] “Bodas de mercurio y de filología” obra  de M. Capella en la que las artes liberales aparecen como damas de honor de las bodas. Pone en orden en estas artes. Isidoro de Sevilla justifica estas artes y escribe 20 libros de etimología. Casiodoro también tenía conocimientos sobre las artes liberales y la divinidad.

[8] La escuela catedralicia de Chartres margina a las artes liberales y aborda un nuevo programa de estudio con las artes médicas, las ciencias naturales y la nova lógica.

[9] forma parte el abuelo de Mahoma, que tiene tres hijos, uno de ellos el padre de Mahoma, y otro Abbas. Este clan es el pobre.

[10] La primera gramática islámica será obra de un persa y se cree que estuvo influida por el Órganon aristotélico. En el siglo IX ya se han constituido las grandes escuelas de gramática del árabe, por ejemplo en Bagdad. No se sabe bien hasta qué punto están vinculadas lógica y gramática.

[Apuntes de la asignatura Historia de la Filosofía Medieval, con el profesor Ramón Guerrero].

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