Ética·Filosofía Política·Hobbes·Spinoza

“Una comparación de las filosofías éticas de Spinoza y Hobbes”, V. T. Thayer

Según Hobbes, un motivo lleva al hombre a instituir un Estado: el miedo. El estado de naturaleza es un estado de guerra en el que cada hombre busca cumplir sus deseos para conseguir poder, y al intentarlo choca con otros. En tal estado, la libertad es escasa compensación por los peligros existentes. El miedo exige a la razón encontrar una condición para la paz. Se trata de la primera Ley Fundamental de la Naturaleza, que es: Procurar la paz y mantenerla.

El motivo para establecer el Estado es el miedo, y el fin que busca su institución es la supervivencia de los individuos. La vida ideal para cualquier individuo, se deduce, sería un estado de total subyugación y control de los demás y de ausencia de impedimentos a los propios deseos.

El ciudadano medio soporta el Estado como un mal necesario. Él contribuyó en su origen y ayuda a sostenerlo para evitar la peor calamidad: la vuelta al estado de naturaleza. El contrato por el cual se crea el Estado es, entonces, una renuncia a determinadas libertades y derechos para conseguir la seguridad individual, esto es, la paz social. La función del Estado, para Hobbes, es esencialmente negativa. Entre la anarquía y el absolutismo, el hombre elige el mejor de los dos males: el absolutismo.

Spinoza concibe el Estado de forma diferente. Uno de los motivos que menciona en la creación del Estado es el miedo, pero en todo momento lo considera un motivo de pequeña importancia. Para él, la ayuda mutua es la justificación última de las organizaciones sociales y el medio indispensable para alcanzar el hombre alcance su verdadera felicidad. Uno de los ejemplos que ofrece al respecto es la división del trabajo, que permite a los hombres coordinarse en la producción de diferentes enseres y aprovecharse de la puesta en común de cada una de las producciones.

“Debemos ver, sin más, que los hombres deben llegar a una acuerdo para vivir juntos con tanta seguridad y bienestar como puedan, si quieren disfrutar como un todo de los derechos que naturalmente les corresponden como individuos, y sus vidas no deberían estar condicionadas por la fuerza y el deseo de los individuos, sino por el poder y la voluntad del cuerpo social. Este fin será inalcanzable si el deseo es su única guía (puesto que el deseo arrastra a los hombres en distintas direcciones); deberán, entonces, decretar firmemente que serán guiados en todo por la razón, […] y contendrán todo deseo que suponga perjuicio a los conciudadanos, y tratarán a los demás como les gustaría ser tratados, y defenderán los derechos del vecino como los suyos”.

Mientras que Hobbes considera que los deseos del hombre le llevan inevitablemente al conflicto en terreno social, Spinoza insiste en que es sólo la pasión, esto es, la opinión irracional sobre sus deseos, la que lleva a los hombres a entrar en conflicto. El Estado, para Spinoza, es también un mal necesario; pero es un mal necesario solo porque y en la medida en que debe recurrir a medios que son un sustituto coactivo del comportamiento racional.

El mejor Estado, por tanto, será aquél que gobierne racionalmente; esto es, aquel que establezca leyes que permitan a los hombres desarrollar y expandir las potencialidades de su naturaleza. Spinoza se opone al absolutismo y apuesta por la democracia. “En la democracia, los comportamientos irracionales son menos temidos, dado que es imposible que la mayoría de un pueblo, especialmente de un pueblo numeroso, esté de acuerdo en un deseo irracional”. Como medio necesario para la legislación racional, Spinoza aboga por la máxima libertad de pensamiento y expresión. Así, llegará a decir que “el verdadero fin del gobierno es la libertad”.

Esta diferencia en la concepción sobre la función del Estado conlleva igualmente un desacuerdo acerca de la naturaleza y el propósito del individuo. “La razón”, dice Hobbes, “no es más que un cálculo”. Y no es más que un cálculo en términos de supervivencia personal, favorecimiento de la intensidad vital e incremento de poder. Spinoza parece repetir a Hobbes cuando afirma que “es ley soberana y derecho natural el que cada individuo tienda a preservarse tal y como es, sin consideraciones por nada salvo por sí mismo”.

Sin embargo, ni Spinoza quiere decir lo mismo que Hobbes cuando usa el término “razón”, ni su individuo es un átomo aislado. Hobbes considera que la razón no genera nada común entre los hombres, sino que sirve para satisfacer los impulsos posesivos y para obtener ventaja personal en la lucha por el poder. Spinoza, por el contrario, cree que la razón libera al hombre de la condición miserable y aislada de la animalidad, y funcionando a través de nociones comunes a todos los hombres, contribuye al bienestar de todos ellos. La vida racional une a los hombres, y el estado de naturaleza no es más que una condición de entrega a la pasión y la ignorancia.

Si uno carece de razón y es controlado por las pasiones, puede actuar solamente de acuerdo con las pasiones. La razón libera al hombre de esa falta de opciones. Le permite controlar la explotación de los otros, controlar los propios deseos cuando su cumplimiento ocasiona mal a terceras personas. La razón, en Spinoza, nos provee con un criterio por el cual podemos seleccionar aquellas actividades que a la vez nos favorezcan a nosotros y a los demás. Así, vemos como el deplorable estado que Spinoza llama pasión, atadura del hombre, del cual la razón le libera, es para Hobbes la condición permanente del hombre.

Así expone Hobbes su noción de la felicidad: “Éxito continuo en obtener aquellas cosas que el hombre desea en cada momento, es decir, prosperidad continua, esto es lo que los hombres llaman Felicidad; hablo de la Felicidad de esta vida, puesto que no hay tal cosa que la Tranquilidad perpetua de la mente; […] porque la vida no es nada sino Movimiento, y nunca podemos ser sin Deseo, ni sin Miedo, ni sin Sensación”. “Por ello, considero como una inclinación general de la humanidad, un deseo, perpetuo y sin descanso, de poder tras poder, que solo culmina con la muerte. Y la causa de esto, no es siempre que el hombre busque un placer más intenso, […] sino porque no puede asegurar el poder y los medios para vivir bien sin la adquisición de más poder”.

Los conflictos entre los intereses de los hombres necesitan de la intervención del Estado; pero los decretos del Estado son solo válidos porque y solamente durante el tiempo en que el Estado pueda ejecutar sus decisiones. Es el poder el que otorga la validez, dado que la garantía de seguridad a través del poder absoluto es la única función legitimadora del poder y del contenido de sus decretos.

Para Spinoza, la ley natural no es más que una descripción de las cosas tal y como están en ausencia de relaciones organizadas entre los hombres. Para él, las leyes de la naturaleza y el derecho natural son solo descripciones de condiciones dadas, no programas válidos para la acción. Presenta el derecho como un ideal, como un patrón moral objetivo y válido.

El mismo impulso de supervivencia que el Hobbes sanciona y presenta como inevitable el engrandecimiento personal a través del incremento de poder, aparece en la ética de Spinoza como el impulsor de la acción social y el motor principal de la solidaridad. Según Spinoza, la verdadera felicidad solo se encuentra cuando el hombre actúa en concordancia con el proceder racional. Cuando señala el camino hacia la libertad humana, insiste en que la primera condición para emanciparse de las pasiones es transformar las pasiones en emociones activas, y esto se logra consiguiendo una idea clara y distinta de las pasiones, para comprender de manera racional sus causas y efectos y no darles un tratamiento incorrecto.

El instinto de supervivencia, que en el sistema de Hobbes condena al individuo a un “deseo, perpetuo y sin descanso, de poder tras poder”, genera cosas muy distintas en el sistema de Spinoza. Cuando los individuos se dejan llevar por el Conocimiento Imaginativo y las pasiones, el interés propio surge opuesto a los intereses ajenos (y, por lo tanto, al Bien Común); sin embargo, cuando el instinto de supervivencia está presente en individuos guiados por el Conocimiento Racional y las emociones activas, genera relaciones de cooperación entre los hombres. Así dirá Spinoza: “Hay muchas cosas fuera de nosotros que nos son útiles. […] De ellas ningunas nos aparecen como más excelentes que aquellas que están en total concordancia con nuestra naturaleza. Si, por ejemplo, dos individuos de la misma naturaleza se unen, forman una combinación dos veces más potentes que cualquiera de ellos por separado. No hay para el hombre nada más útil que el hombre; nada, repito, más excelente para preservar su ser puede ser pensado, y todos deberán coincidir conmigo en que las mentes y los cuerpos de todos los individuos deben formar una sola mente y un solo cuerpo, y que todos deben […] preservar su ser, todos a través de un consenso deben buscar lo que les sea útil a todos ellos. Así, los hombres gobernados por la razón […] no desean nada para sí mismos que no deseen para el resto de la humanidad, y, por ello, son justos y honorables en su conducta”.

En cuanto alcanzamos la vida de la razón, nos identificamos con Dios, y por lo tanto, con aquello que hay de permanente y común en los hombres. Las distinciones entre hombres desaparecen, y aparecen las bases de la razón, que son “las nociones que responden a aquello común a todos los hombres”. El hombre libre es el que ha conseguido trascender, gracias a la razón, el ambiente físico-natural que le rodea.

Las diferencias entre ambos encuentran explicación en el suelo metafísico de cada uno de ellos. Hobbes es un empirista mecánico, mientras que Spinoza es un racionalista. Spinoza no puede sino admitir que el individuo es la expresión de una realidad más profunda y fundamental. El Hombre es Substancia y la Substancia es el Hombre. En Dios y solo en él el hombre vive y desarrolla su ser. Así, identificando sus fines personales con el máximo bien para los conciudadanos, el hombre se aproxima al ideal ético supremo, “un conocimiento de la unión existente entre la mente y el conjunto de la naturaleza”.

Para Spinoza, el individualismo de Hobbes es verdadero solo como descripción de los hombres dominados y atados por sus pasiones; lo cual tiene valor solo como etapa anterior a la liberación del hombre y su escapada hacia la vida de la razón.

[Apuntes tomados del artículo “Una comparación de las filosofías éticas de Spinoza y Hobbes”, de V. T. Thayer]. 

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